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	<title>Relatos desde Valheim</title>
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	<description>Un rincón dedicado a la narrativa de diferentes temáticas</description>
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		<title>Relatos desde Valheim</title>
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		<title>Presentación Profesión IV &#8211; Arquero (Juego de Rol)</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Feb 2012 11:32:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Histórico]]></category>
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		<category><![CDATA[Rol]]></category>
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		<description><![CDATA[Aquí tenéis un nuevo relato corto, perteneciente a otra de las profesiones del juego de rol que estamos diseñando. Esperamos que os guste. Piotr iba disfrutando del paseo a caballo. Por fin le habían permitido comandar una partida de caza. Eso le permitía disfrutar del sol y la brisa, mientras la manada de caballos avanzaba [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=132&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em></em>Aquí tenéis un nuevo relato corto, perteneciente a otra de las profesiones del juego de rol que estamos diseñando. Esperamos que os guste.</p>
<p><em>Piotr iba disfrutando del paseo a caballo. Por fin le habían permitido comandar una partida de caza. Eso le permitía disfrutar del sol y la brisa, mientras la manada de caballos avanzaba al paso, a la espera de noticias de los batidores. Su montura, ligada profundamente a él, notaba su tranquilidad y parecía satisfecha con el paseo.</em></p>
<p><span id="more-132"></span></p>
<p><em>Poco tiempo después, uno de los exploradores regresó a galope tendido. Al detenerse junto al ya excitado grupo, su caballo exhalaba vapor causado por la enorme cantidad de sudor vertido en la carrera y tenía los ojos desencajados por el esfuerzo.</em></p>
<p><em>- Una caravana, a unos pocos kilómetros al sureste – dijo nervioso – Son bizantinos, deben de ir hacia Kiev. Escoltados por caballería pesada. </em></p>
<p><em>Esto último arrancó alguna sonrisa entre los pechenegos. Todos se habían enfrentado a los pesados caballeros bizantinos, las catafractas, y sabían que, aunque muy peligrosos en el cuerpo a cuerpo, también eran mucho más lentos debido al sobrepeso, y que su sistema de combate basado en el hostigamiento con arcos a caballo, iba excelentemente bien contra este tipo de tropas. Parecía que los dioses les sonreían ese día. En vez de carne y algunas pieles, aportarían a la tribu un buen botín.</em></p>
<p><em>En un instante, la partida se dividió en tres grupos, cuya función sería dividir las fuerzas enemigas para luego acabar con ellas mediante una lluvia de proyectiles. Las espadas solo saldrían de sus fundas al final, cuando el resultado ya estuviera claro.</em></p>
<p><em>El ataque no pudo ir mejor. El primer grupo de jinetes arqueros se lanzó contra la caravana, retirándose tras descargar varias salvas con sus arcos. Los jinetes bizantinos, creyéndose en superioridad numérica y mejor armados, comenzaron a formar para cargar. En ese momento cayó sobre su retaguardia el segundo grupo. Antes de que impactaran las flechas de la primera andanada, ya había otras dos en el aire y los jinetes nómadas giraban para poner distancia con las catafractas, que comenzaban a sufrir sus primeras bajas tanto entre hombres, como entre sus monturas. </em></p>
<p><em>Y ahí, los bizantinos terminaron de cerrar la soga sobre su cuello, al lanzarse a la carga contra uno de los grupos en retirada. En cuanto el escuadrón se separó de la caravana, fue rodeado por los tres grupos pechenegos que atacaban a distancia y se retiraban bailando al compás que marcaban sus víctimas. Cada vez que los bizantinos cambiaban de objetivo, este huía y los otros dos pasaban a hostigar, mermando progresivamente las filas de jinetes pesados que cada vez se sentían mas frustrados ante este tipo de combate, carente del honor de la batalla cuerpo a cuerpo.</em></p>
<p><em>Pocos minutos después todo había terminado. Los restos de la caballería bizantina se dieron a la fuga, de vuelta a territorios del Imperio, dejando la caravana a su suerte. </em></p>
<p><em>Y entonces, fue cuando brillaron las hojas curvas eslavas. Llegaba el momento de recoger el premio. </em></p>
<p>       Por Fernando Bendicho y Ricardo Garrido.</p>
<br />Filed under: <a href='http://relatosdesdevalheim.wordpress.com/category/historico/'>Histórico</a>, <a href='http://relatosdesdevalheim.wordpress.com/category/medieval/'>Medieval</a>, <a href='http://relatosdesdevalheim.wordpress.com/category/rol-2/'>Rol</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/relatosdesdevalheim.wordpress.com/132/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=132&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>El Linaje Perdido IV</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 11:12:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Histórico]]></category>
		<category><![CDATA[Medieval]]></category>
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		<description><![CDATA[CAPÍTULO IV. ROB Lentamente, Nathaniel fue regresando del sueño, agradecido de despertar, y ahorrarse lo que sabía que seguiría. Según fue recuperando el contacto con el mundo real, fue consciente del enorme dolor que le castigaba, tanto la espalda como la cabeza. Por su mente, fueron desfilando imágenes sueltas de los últimos instantes, antes de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=107&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>CAPÍTULO IV. ROB</em></p>
<p><em>Lentamente, Nathaniel fue regresando del sueño, agradecido de despertar, y ahorrarse lo que sabía que seguiría. Según fue recuperando el contacto con el mundo real, fue consciente del enorme dolor que le castigaba, tanto la espalda como la cabeza.</em></p>
<p><em>Por su mente, fueron desfilando imágenes sueltas de los últimos instantes, antes de ser golpeado. La chica a la que iban a violar, el bastardo de Willen burlándose de él… un segundo después, el ruido que produjo la piedra contra su frente. Esto último, hizo que soltara una pequeña carcajada, que trajo consigo una descarga de dolor que le contrajo todo el cuerpo. La pelea. Al final, no sabía cómo, había acabado linchado.</em></p>
<p><span id="more-107"></span></p>
<p><em>Sin prisa, se permitió ir abriendo los ojos. Con el cuello lo más rígido posible, para evitar otro ramalazo de dolor, echó un vistazo a su alrededor. No estaba en ningún lugar conocido.</em></p>
<p><em>Se encontraba acostado en una cama limpia y cómoda. Ni de las paredes desnudas, ni del mueble solitario que había en la habitación, pudo extraer una pista de donde podía encontrarse. Las ventanas estaban cerradas pero, por la falta de luz en las contraventanas, se podía adivinar que estaba bien entrada la noche.</em></p>
<p><em>Decidió no preocuparse en esos instantes. Seguro que llegado el momento, alguien le explicaría como llegó hasta esa cama, quién le había vendado la cabeza y el torso y, sobre todo, donde estaban sus ropas sin las cuales, no estaba dispuesto a salir de allí. Herido y desnudo, con toda seguridad no llegaría muy lejos.</em></p>
<p><em>A su pesar, volvió a cerrar los ojos lentamente. La comodidad de la cama, junto al brebaje que le habían administrado mientras estaba inconsciente, le fueron transportando de nuevo al mundo de los sueños, donde por primera vez en mucho tiempo, ningún fantasma le esperaba.</em></p>
<p><em>Tras varias horas de sueño reparador, Nathaniel volvió a abrir los ojos.</em></p>
<p><em>Una vez más, se encontró solo en la habitación. A través de los postigos entraban suaves rayos de sol, así que supuso que hacía ya un rato que había pasado el amanecer. Su anfitrión le había dejado dormir.</em></p>
<p><em>Por primera vez desde la pelea recordó a Jack. ¿Qué habría sido de él? No recordaba haber visto que le agredieran, pero todo el mundo sabía que ambos iban juntos siempre, y si le habían atacado a él… quizás también hubieran atacado a su amigo. El hombretón, aunque fuerte y musculoso físicamente, mentalmente tenía la capacidad de un crio. Una situación como la vivida le habría dejado bloqueado, y dudaba que se hubiera defendido, en caso de ser agredido por la turba.</em></p>
<p><em>‘Piensa, listillo. Deja que Jack cuide de Jack, y preocúpate de salir del lio en el que te has metido esta vez. Ahora tocará huir de nuevo. Si puedes, claro’. Cerró los ojos, haciéndose el dormido, y se puso a repasar los últimos momentos vividos. Sin duda, en ellos estaba la clave para descubrir donde podía encontrarse. Durante largo tiempo, estuvo así, inmóvil, meditando y a la espera de que pasara lo que tuviera que pasar, hasta que escuchó unos pasos lentos que se acercaban a la habitación. Acompasó, en la medida que pudo, la respiración, para que la persona que entrara pensara que permanecía dormido, y así contar con el factor sorpresa.</em></p>
<p><em>Al instante, la puerta se abrió sin ruido ninguno de cerradura. ‘No estaba encerrado. No soy un prisionero’, la mente de Nathaniel se esforzaba en reajustar la información.</em></p>
<p><em>Pasaron unos instantes, antes de que una voz de mujer interrumpiera sus pensamientos.</em></p>
<p><em>- Sé que estás despierto – la voz, de una mujer anciana, le era conocida aunque no conseguía ponerle rostro.- Lo sé, porque yo misma me encargué de drogarte para que descansaras bien. Estás en lugar seguro, borrachín. &#8211; la voz no mostraba ningún tipo de desprecio, ni siquiera cuando le llamó borracho.</em></p>
<p><em>Una vez descubierto, Nathaniel no tenía razón para seguir fingiendo, así que abrió los ojos, y giró con cuidado la cabeza para observar a su interlocutora. Ese leve movimiento hizo que, espalda y cabeza, protestaran lanzando una oleada de dolor.</em></p>
<p><em>- Enid – susurró Nathaniel, ahora más relajado. Si la vieja bruja estaba ahí, alguien se había tomado muchas molestias para asegurarse de que se recuperaba.</em></p>
<p><em>Nadie sabía a ciencia cierta la edad de Enid. Los más viejos del pueblo, aseguraban que ella ya vivía en los bosques, cuando ellos todavía eran niños.</em></p>
<p><em>Bruja, adivina, curandera… A la anciana, muchos eran los poderes que se le atribuían, y no poco, el miedo que inspiraba.</em></p>
<p><em>Nathaniel no sabía si era verdad que Enid era una bruja, una concubina del diablo, como aseguraban en los viejos tiempos los sacerdotes cristianos. Ni había acudido jamás a ella para que le leyera el futuro, pues tenía claro que lo que debía pasar, pasaría. Era de la creencia, de que es mejor no saber qué te tienen preparado las Nornas, así, puedes vivir tu vida sin lamentarte por lo que llegará. Lo que sí que sabía, y nadie podía negar, es que la vieja era la mejor curandera en muchas millas. Y para alguien pragmático como Nathaniel, el que Enid sacara sus poderes de un dios o de otro, le daba exactamente lo mismo.</em></p>
<p><em>Algunos años atrás, antes de la llegada de los daneses, cuando el cristianismo era fuerte en Northumbria, Enid fue expulsada del pueblo acusada de herejía por el párroco local. Tuvo suerte de que el poder real de la iglesia, tan al norte, fuera menor que en otros reinos donde las brujas eran perseguidas y ajusticiadas. </em></p>
<p><em>A pesar de ello, la influencia de la mujer permaneció más o menos intacta. Para desesperación del sacerdote, los lugareños seguían manteniendo ciertas costumbres y supersticiones paganas, fusionadas con el cristianismo. Así, no era raro ver ofrendas a los espíritus del bosque, o a dioses milenarios, realizados por personas que después rezaban fervientemente a Dios. Pocas eran las mujeres que se atrevían a dar a luz sin estar asistidas por Enid, o por lo menos, haber obtenido alguna pócima que les ayudara en el parto.</em></p>
<p><em>Su reputación mejoró notablemente, cuando la propia Enid consiguió rescatar al párroco que la había desterrado, de una muerte segura tras un envenenamiento involuntario, con uno de sus brebajes.</em></p>
<p><em>La llegada de los daneses terminó con su destierro, ya que estos no tenían ningún tipo de reparos hacia religiones ajenas.</em></p>
<p><em> La primera vez que pasaron por el pueblo, arrasaron con todo. Mataron, violaron, saquearon, y se llevaron a no pocos vecinos como esclavos.</em></p>
<p><em>Todo danés que desembarcaba en esas tierras, sabía que las iglesias del dios cristiano estaban repletas de plata. Así que el primer sitio en el que entraron los saqueadores fue en el templo. Cuando terminaron allí, el pobre hombre había confesado la localización de cada objeto de valor escondido. Su cuerpo quebrado, quedó clavado sobre la cruz que presidía la iglesia, como testimonio mudo de las atrocidades que allí se cometieron.</em></p>
<p><em>Cuando los daneses pasaron de ser incursores de paso a ocupantes, y después a parte de la población, Enid podría haber regresado. En el pueblo convivían cristianos con paganos nórdicos, y sus creencias no hubieran destacado tanto. Aún así, la anciana estaba hecha ya a la vida en el bosque, cerca de sus dioses, y allí permaneció.</em></p>
<p><em>- Te recuperarás. – dijo la anciana, mientras palpaba la espalda y la cabeza de Nathaniel. – No hay nada roto, y las heridas están bien.</em></p>
<p><em>- ¿Dónde estoy?</em></p>
<p><em>- Avisaré a tu anfitrión. Aquí he terminado. – sin más, la vieja se fue, dejando al convaleciente con sus dudas.</em></p>
<p><em>Pasaron largos minutos, que Nathaniel invirtió en adivinar quién sería este. Poco después, Rob Robson entró en la habitación.</em></p>
<p><em>Nathaniel nunca se había dado cuenta de lo sumamente grande que era Rob hasta ese preciso momento. Detrás de la barra imponía, pero parado en el marco de la puerta, casi encajado, su figura amedrentaba. Su cabeza rapada, que dejaba a la vista una enorme cicatriz que le comenzaba a mitad del cráneo y finalizaba justo sobre su ojo izquierdo, y la poblada barba negra, en la que comenzaban a florecer vetas blancas, no hacían sino aumentar su aspecto aterrador.</em></p>
<p><em>Hasta el día de hoy, Rob solo había mirado a Nathaniel de dos formas: con desconfianza por si carecía de monedas para pagar sus consumiciones, o con el desprecio que levanta una persona que ha caído lo más bajo posible. En cambio, cuando entró, en la mirada del hombretón sólo había preocupación y agradecimiento.</em></p>
<p><em>- Enid me ha dicho que te pondrás bien – el tono de Rob era forzado. Las palabras nunca habían sido su fuerte, y menos con un extraño al que solo conocía de haberlo sacado a rastras de su local varias veces. – Me alegro.</em></p>
<p><em>- Yo también, la verdad.</em></p>
<p><em>Pasaron unos instantes tensos, en los que ambos hombres se miraron azorados, sin saber qué decir. Nathaniel, menos vergonzoso, decidió romper el incómodo silencio.</em></p>
<p><em>- ¿Cómo está la chica?</em></p>
<p><em>- ¿Lesly? Bien. Gracias a ti. Igual que mi chico.</em></p>
<p><em>- Rob, ¿qué pasó? Y… &#8211; ahora era Nathaniel el incómodo. &#8211; ¿Dónde está mi ropa?</em></p>
<p><em>- La ropa está lavándose. No te preocupes por eso ahora. Eres mi invitado. Respecto a lo que pasó…</em></p>
<p><em>Rob no tardó mucho en relatar cómo fueron los hechos. Esa noche, Nathaniel salvó la vida de milagro. Primero, al enfrentarse el sólo contra los tres violadores. Y después, cuando la gente le confundió con uno de los agresores, y se lanzó sobre él.</em></p>
<p><em>Fue la propia Lesly la que, a pesar de su estado nervioso, paró a la multitud enfurecida, aunque no antes de que le cayeran unos cuantos golpes.</em></p>
<p><em>El desconocido al que le rompió el brazo no tuvo tanta suerte. La gente estaba demasiado exaltada como para contentarse con propinar unos golpes. El violador fue linchado, y acabó colgado.</em></p>
<p><em>El hijo de Willen, Haley, el pequeño de los tres, tampoco había salido bien parado. La piedra lanzada por Nathaniel le impactó en la frente dejándole inconsciente, y no había vuelto a despertar. Aquella noche salvó la vida tan solo porque sus dos hermanos, Dave y Howard, estaban allí para protegerlo y se lo llevaron antes de que la gente se tomara la justicia por su mano también con él. Eso sí, no sin antes prometer venganza. En lo sucesivo, Nathaniel debería de andarse con cuidado, y a Jack tampoco le vendría mal vigilar su espalda.</em></p>
<p><em>Del tercer agresor, no se sabía nada más que la descripción que pudo dar la aturdida Lesly, y esta se ajustaba al perfil de la mitad de los hombres de la comarca. La chica estaba muy nerviosa, y ni siquiera tenía claro el color del cabello de su atacante.</em></p>
<p><em>Lesly estaba bien físicamente. De hecho esa noche volvería a trabajar.</em></p>
<p><em>Jack, al que no habían permitido permanecer en la habitación para que no molestara al herido, llevaba el día y medio que Nathaniel había pasado en cama, rondando la casa de Robson.</em></p>
<p><em>Por último, el hijo mayor de Rob, Robby, salió relativamente ileso. Un golpe con un objeto contundente por detrás, y el chico había quedado inconsciente. Al final todo había quedado en un feo corte y una contusión. Enid también le había dado un buen pronóstico.</em></p>
<p><em>Cuando Rob terminó de relatar los hechos de aquella noche, volvió a caer entre ellos un silencio incómodo.</em></p>
<p><em>- Eddy…</em></p>
<p><em>- ¿Si?</em></p>
<p><em>- Esto me resulta un poco violento, pero tengo que preguntártelo. ¿Quién eres?</em></p>
<p><em>- ¿Cómo que quién soy? Me conoces hace ya varios años. Llevo desde que me mudé aquí viniendo a diario a tu taberna.</em></p>
<p><em>- Solo te preguntaré una cosa, y espero que seas sincero. ¿Eres un proscrito? – el rostro de Rob estaba especialmente severo. – Acogiéndote bajo mi techo, ¿pongo a mi familia en peligro?</em></p>
<p><em>- Rob, no entiendo por qué me preguntas eso. Yo…</em></p>
<p><em>En ese momento, Rob, que ya se había cansado de las sutilezas, avanzó hasta el lecho y de un tirón apartó las sábanas que cubrían a Nathaniel, dejando su cuerpo expuesto.</em></p>
<p><em>- Eso no son heridas de accidentes – dijo tenso Rob. – Son heridas hechas por armas. Lo sé, porque yo tengo varias de esas también – mientras que hablaba, Rob apartó su camisola dejando a la vista varias cicatrices repartidas por su torso, y después, pasó con suavidad un dedo por encima de la gigantesca marca que le desfiguraba el rostro. – Eso, – comenzó señalando una cicatriz en forma de estrella algo difusa del muslo de Nathaniel-  es una herida producida por una flecha. Se nota que el que te la curó tenía prisa, la quemadura con la que cauterizaron es bastante torpe. En cambio el flechazo del hombro fue curado con más esmero. Y no es la única herida de ese tipo que he visto. Además he observado esa cicatriz del costado. – otro dedo acusador señaló una fea cicatriz que recorría de forma irregular el costado izquierdo de Nathaniel. – Esa fue buena, ¿eh? Ahí debiste de estar a punto de no contarlo. Yo apostaría por una espada. Si quieres puedo seguir. La verdad es que tienes una buena colección de cicatrices, más incluso que yo; una colección propia de alguien que se ha dedicado a combatir durante muchos años. Así que, una vez que parece claro que no eres el jornalero borracho que aparentas ser… Preferiría no tener que repetir la pregunta, Eddy.</em></p>
<p><em>Durante unos instantes ambos hombres se miraron a los ojos en silencio. Poco después, Nathaniel asintió.</em></p>
<p><em>- No puedo decirte quién soy, Rob. Lo siento. – Nathaniel optó por ser lo más franco posible, pero sin descubrir su identidad. – Soy Eddy, y poco más. Respecto a lo del peligro que pueda entrañar para ti y los tuyos… De mi nada has de temer. Solo quiero vivir tranquilo, trabajar, y beber de vez en cuando alguna cerveza para olvidar cosas que nunca debieron de ocurrir. A Eddy nadie le busca. Él no es nadie, y así debe seguir siendo. Si quieres, abandonaré hoy mismo el pueblo y jamás volverás a verme. Pero te suplico que no digas nada a nadie de lo que se ha hablado aquí.</em></p>
<p><em>Los segundos pasaron lentamente mientras Rob escrutaba a Nathaniel, como si intentara calcular su valía según una tabla de medir que tan solo él conocía. No tardó en decidirse.</em></p>
<p><em>- No sé quién eres, Eddy. Pero sé que salvaste a mi hijo y a Lesly. Y lo hiciste poniéndote tu mismo en peligro. Eso habla por ti. Te quedarás en el pueblo, pero te tendré vigilado. Ambos tendremos que ganarnos la confianza del otro, ¿no es así? Y con el tiempo… Ya se verá. De momento, descansa. Recupérate aquí. Y en unos días, cuando puedas volver a valerte por ti mismo, comenzarás a trabajar para mí, junto con ese amigo tuyo. No creo que Willen vuelva a ofreceros trabajo.</em></p>
<p><em>Tras esto, el tabernero volvió a cubrir el cuerpo magullado de Nathaniel con las sábanas. Tras otro cruce de miradas, el hombretón abandonó la habitación dejando a Nathaniel en la penumbra a solas con sus pensamientos.</em></p>
<p><em>Tras devorar el almuerzo servido por una de las hijas de Robson, Nathaniel sintió como iba cayendo en las garras del sueño, sin duda por algún bebedizo hecho por Enid. En su cabeza, los recuerdos luchaban por regresar tras la tregua de la noche anterior.</em></p>
<p>      Por Fernando Bendicho. A mi mujer y a mi hija, que siempre están ahí, los dias buenos y los malos.</p>
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		<title>Sangre de Dragón VI.</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 12:06:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[Rol]]></category>
		<category><![CDATA[fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[medieval]]></category>
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		<description><![CDATA[CAPÍTULO V. UNA HISTORIA DE VENGANZA.  La primera y segunda planta estaban separadas por cuatro tramos de escalera iguales, con un pequeño rellano a modo de descanso justo a la mitad. Halfdan cubrió de un salto el primero de ellos. Imitando su movimiento inicial, el bárbaro sorteó el segundo y aterrizó en el rellano. Justo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=105&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>CAPÍTULO V. UNA HISTORIA DE VENGANZA.</em></p>
<p><em> </em><em>La primera y segunda planta estaban separadas por cuatro tramos de escalera iguales, con un pequeño rellano a modo de descanso justo a la mitad. Halfdan cubrió de un salto el primero de ellos. Imitando su movimiento inicial, el bárbaro sorteó el segundo y aterrizó en el rellano. Justo al girar para seguir descendiendo hacia su objetivo, se dio de bruces con un viejo, seguramente rico por las ropas que llevaba, acompañado por dos hermosísimas jóvenes rubias. Halfdan frenó a destiempo y en su impetuoso avance empujó al anciano y a una de las chicas.</em></p>
<p><span id="more-105"></span></p>
<p><em>-¡Mira por donde vas, paleto!-le increpó.</em></p>
<p><em>Una de las rubias, la que se había salvado del empujón, le rió la gracia al cliente.</em></p>
<p><em>Halfdan podía haber dejado pasar el insulto, el viejo estaba claramente en estado de embriaguez. Pero uno no se forja así mismo permitiendo tales cosas. Así que se giró hacia él. El ricachón, indiferente, retomaba sus manoseos a las muchachas. La que se había reído parecía disfrutar de lo lindo, pero la cara de la otra, más joven, era un verdadero poema. Se veía a la legua el infierno que debía de estar pasando.</em></p>
<p><em>Era algo común. Muchos campesinos, necesitados de dinero, vendían a sus hijas a prostíbulos por cuatro miserables monedas, que no les sacaban de pobres, ni les duraban mucho, o simplemente, lo hacían por quitarse de una boca que alimentar dentro de la familia. Sin embargo, para las jóvenes que debían pasar por este trance, comenzaba su infierno particular, violadas por el dueño del establecimiento, en la mayoría de las ocasiones para…”suavizarlas un poco”, y después entregadas a gentuza como aquel asqueroso viejo. Otras veces, cuando la muchacha era especialmente bella, se podía llegar a pagar una buena cantidad de dinero por ser el primero en yacer con ella, aunque en esos casos, las chicas fueran aun más jóvenes.</em></p>
<p><em>Halfdan odiaba estos sitios. Pensaba que el ser humano era un cáncer que corrompía cuanto tocaba. No todos, evidentemente, pero si una buena parte. Él era feliz en la naturaleza, rodeado de animales, rodeado de vida en estado puro.</em></p>
<p><em>Tal vez fuera esto lo que le impulsó a actuar, o tal vez fuera la cara de la pobre chica, poco más que un espantajo. Sin voluntad. Sin sueños. Sin esperanza.</em></p>
<p><em>El guerrero nórdico agarró al ricachón por el cuello y apretó. Podía haberle partido el cuello como quien parte un pedazo de pan recién hecho, su fuerza triplicaba la de cualquier ser humano, pero cuando el viejo se meó encima por el miedo, consideró que debía de dejar de apretar. </em></p>
<p><em>-Cuando termine lo que he venido a hacer, subiré a hacerte una visita…veremos lo hombre que eres entonces…, y en cuanto a ti-le dijo a la prostituta que se había reído-…no te preocupes…serás la siguiente&#8230;-.</em></p>
<p><em>El ricachón se acuclilló en un rincón, y se puso a sollozar mientras se frotaba el cuello, dolorido. La chica desapareció escaleras arriba.</em></p>
<p><em>El bárbaro, le arrancó al viejo un saquillo de terciopelo negro que llevaba colgado a la cintura. Se acercó a la chica más joven y cogiéndole la mano, le entregó el saquillo. La joven meretriz desencajó la mirada cuando, al abrirlo, comprobó su contenido. No había visto tanto dinero junto en su vida. Habría por lo menos treinta monedas de oro.</em></p>
<p><em>Halfdan se irguió en toda su altura y se dispuso a marcharse.</em></p>
<p><em>Cuando iba a descender por las escaleras, la muchacha le habló con voz temblorosa</em></p>
<p><em>-Gracias… me…me llamo Estela.</em></p>
<p><em>El bárbaro la miró, y la  sonrisa de la chica le iluminó el rostro.</em></p>
<p><em>-Coge ese dinero, y lárgate de esta mierda de sitio.</em></p>
<p><em>Halfdan llegó al primer piso. Avanzó con cautela por el largo pasillo hasta llegar a la tercera puerta. Acercó el oído. Dentro se escuchaban débiles risas y murmullos de complicidad.</em></p>
<p><em>Su mano tocó el picaporte de la puerta. Presionó ligeramente, sin hacer ruido. Cerrado.</em></p>
<p><em>&lt;&lt;Que demonios&gt;&gt; pensó &lt;&lt;de todas formas, voy a tener que tumbar al semiogro de la puerta…&gt;&gt;</em></p>
<p><em>Halfdan empujó. La puerta de madera de la habitación se abrió con una facilidad pasmosa. Dentro, la alcoba estaba débilmente iluminada. Era más grande que la de arriba, donde habían estado Víbora y él. Tenía una gran mesa de roble con dos sillas, una a cada extremo. Dos grandes candelabros de plata ardían proporcionando la luz necesaria para una velada inolvidable. Una bañera, aún humeante, se encontraba en la parte derecha, junto a un  armario ropero y un biombo. Al final, había una gran cama y, tumbados en ella, dos figuras, que dieron un salto cuando el marco de la puerta de entrada saltó por los aires.</em></p>
<p><em>Una de las figuras, masculina, se agachó y recogió algo del suelo. Una espada corta.</em></p>
<p><em>&lt;&lt;Privilegios de ser cliente habitual&gt;&gt; pensó Halfdan</em></p>
<p><em> La otra figura se quedó en la cama, tapando su cuerpo con las sábanas.</em></p>
<p><em>-Espero que tengas una buena razón para interrumpirme…-dijo entre las sombras Lothar Dientenegro.</em></p>
<p><em>-Lothar Dientenegro…-la voz de Halfdan destilaba veneno</em></p>
<p><em>-Puede… ¿quién le busca…?-respondió el bandido</em></p>
<p><em>-¿No me recuerdas, verdad?-preguntó en bárbaro</em></p>
<p><em>-No…-dijo el bandido. Se había movido hasta la mesa, con la cual se escudaba. Su postura era claramente defensiva, lista para repeler un ataque.</em></p>
<p><em>&lt;&lt;Ya veo por qué llegaste a ser el jefe de aquella banda de asesinos&gt;&gt; pensó Halfdan.</em></p>
<p><em>El bárbaro extrajo, de debajo de su ropa,  un pequeño amuleto de madera que llevaba colgado al cuello. Era un Mjölnir, el Martillo de Thor. El amuleto de Sven.</em></p>
<p><em>La sangre del dragón que corría por las venas del guerrero ardía como lava. Le instaba a matar a aquel desgraciado sin piedad ninguna. Halfdan suspiró hondo.</em></p>
<p><em>-¿Y este amuleto…?- preguntó</em></p>
<p><em>-¿Por qué demonios iba a acordarme de un amuleto?-dijo el bandido con sorna.</em></p>
<p><em>Detrás, la prostituta se rió, nerviosa.</em></p>
<p><em>Halfdan avanzó dos pasos. La luz de las velas iluminó su rostro. Sus ojos de víbora eran como dos aristas de hielo. Fríos. Antiguos.</em></p>
<p><em>-Mataste al que lo llevaba…</em></p>
<p><em>La prostituta ya no se reía. El bandido tampoco. Su frente estaba perlada de sudor.</em></p>
<p><em>-¿Y cuando…cuando hice eso, muchacho?-su voz, era ya una sombra de lo que había sido al principio.</em></p>
<p><em>-Hará unos años. En un bosque, cerca de Dalsson. Tú y otros tres. ¿Lo recuerdas?-.</em></p>
<p><em>La mente de Lothar trabajaba de manera frenética, rebuscando en sus recuerdos.</em></p>
<p><em>-El nórdico herido… Tú…tú eres…eres el otro…- balbuceó al fin.</em></p>
<p><em>-Me alegra que te acuerdes, basura. Por que hoy vas a morir- respondió el bárbaro.</em></p>
<p><em>La prostituta emitió un sollozo y se incorporó de la cama.</em></p>
<p><em>Halfdan avanzó con el brazo extendido, pero el bandido rodeó la mesa y esquivó la mano que intentaba cogerle. Desde detrás de una de las sillas, Lothar lanzó una estocada dirigida al costado del bárbaro, aunque Halfdan se anticipó, esquivándola con facilidad. La prostituta aprovechó la confusión para escapar de la habitación y bajar a pedir ayuda.</em></p>
<p><em>&lt;&lt;Liquida a este pronto, porque dentro de dos segundos vas vértelas con un enemigo de verdad&gt;&gt; pensó el guerrero</em></p>
<p><em>Halfdan agarró un candelabro y se lo estampó al bandido en un lado de la cabeza. El golpe mandó a Lothar por los aires, qué aterrizó a casi dos metros de distancia. Intentó levantarse pero no pudo. Sangraba abundantemente por un corte en la sien.</em></p>
<p><em>El bárbaro llegó hasta él,  lo cogió por la pechera y lo levantó sin esfuerzo, poniendo su cara a la altura de la del bandido.</em></p>
<p><em>-Lothar Dientenegro…-</em></p>
<p><em>-¡Vete al infierno…bastardo…!-le gritó el bandido, escupiendo sangre</em></p>
<p><em>-Tal vez nos veamos allí, algún día…-le respondió Halfdan</em></p>
<p><em>El bárbaro echó hacia atrás la cabeza del bandido, hasta que oyó un crujido.</em></p>
<p><em>Halfdan soltó el cadáver de Lothar. Sus manos estaban manchadas de sangre. Mojó el amuleto de Sven con ella y murmuró a los cielos</em></p>
<p><em>-Descansa en paz, amigo. Mi juramento está cumplido. Soy dueño de mi destino…</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>*          *          *          *          *          *          *          *          *         </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Aquel era un lugar sin tiempo ni esencia. Sólo una pequeña porción material, en un plano entre lo humano y lo divino. Cuando el portal dimensional se abrió, una luz tenue iluminó débilmente la estancia, colgada entre los planos de existencia.</em></p>
<p><em>Caballo y jinete refrenaron su carrera. El asesino desmontó con agilidad. Anduvo hasta una doble puerta de metal y entró.</em></p>
<p><em>En el centro de la habitación había un pentagrama escrito con sangre. El asesino entró y una fantasmal luz azulada lo envolvió cuando la llamada surtió efecto…</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> *         *          *          *          *          *          *          *          *         </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Al otro lado del mundo, en un palacio en medio de las desérticas tierras occidentales de El Maansul, una figura ataviada con una túnica negra ribeteada en plata entró en comunión con el asesino.</em></p>
<p><em>-¿Ha muerto?-preguntó el sacerdote oscuro.</em></p>
<p><em>-¿Acaso no sale el sol todas las mañanas?-preguntó a modo de respuesta</em></p>
<p><em>-¿Y el objeto?-.</em></p>
<p><em>-No había ningún objeto-.</em></p>
<p><em>-¿Qué estás diciendo?, ¿Cómo que no había ningún objeto?, ¿buscaste bien?&#8230;-el tono del Sumo Sacerdote del dios Sarak, Señor de la Muerte,  era histérico.</em></p>
<p><em>-Me pagan por matar, no por rebuscar baratijas como un vulgar ratero- dijo el asesino.</em></p>
<p><em>-¿Baratijas…, baratijas?, ¡maldito estúpido!&#8230; ¿tienes idea de lo es ese objeto?&#8230;, debería castigarte como si…-</em></p>
<p><em>El rostro del asesino no se inmutó ante la amenaza del clérigo oscuro.</em></p>
<p><em>-Cuidado, sacerdote… No soy uno de tus acólitos…- La voz del sicario estaba teñida de amenaza. Por un momento, algo pareció arder en sus ojos entrecerrados– Un día de estos, tu lengua puede acabar metiendo a tu cuerpo en un grave problema. No olvides quién soy. No olvides lo que soy.</em></p>
<p><em>El asesino hizo un leve gesto y la comunión mágica desapareció.</em></p>
<p><em>Durante unos segundos, el clérigo no dijo nada. Se había quedado de piedra ante la velada amenaza del asesino. Luego, recordando, tal vez, que él era un poderoso servidor del Dios de la Muerte, reaccionó coléricamente.</em></p>
<p><em>-¡Maldita sea!-tronó el sacerdote, dando un manotazo a una copa de vino y esparciendo su líquido por todo el suelo.</em></p>
<p><em>-Ya te advertí que no contrataras a Los Ladrones de Almas, Bassa. Podríamos haber matado al príncipe en cualquier momento, por nuestros propios medios,  sin necesidad de involucrar a la Hermandad de asesinos más poderosa de toda Hybernia- detrás del hombre santo, la voz del general Váragos, comandante supremo de los ejércitos de El Maansul, mostró su descontento.</em></p>
<p><em>-El objeto tiene que estar cerca. Náron conocía sus extraordinarias propiedades.  No se habrá deshecho de el. Lo habrá escondido bien, pero en un lugar cercano…-.</em></p>
<p><em>Bassa caminaba como un desquiciado por la sala de reuniones del cuartel general. Su túnica ondeaba con cada giro de su raquítico cuerpo, y, sus ojos saltones, tenían un enfermizo color amarillento, propio de los horrendos rituales que el Señor de la Muerte requería de su máximo representante en el mundo de los vivos.</em></p>
<p><em>-…O tal vez…, se lo diera a alguien para que lo escondiera…sí…, sí eso es…,-Bassa se giró en redondo para encararse con Váragos.</em></p>
<p><em>El general parecía un gigante comparado con el esquelético cuerpo del sacerdote.  Sentado en el trono, enfundado en su armadura color ébano, entrecerró sus ojos grises e hizo una mueca a la espera de que su interlocutor continuara</em></p>
<p><em>-Sus personas de confianza… ¿quiénes son?-preguntó Bassa al fin</em></p>
<p><em>Váragos alzó su enguantada mano y se acicaló pensativamente la cuidada barba canosa. Tenía la información, desde luego. Una invasión requería tener información, pero no estaba seguro de que dársela al Sumo Sacerdote fuera buena idea.</em></p>
<p><em>Llevaba meses planeando el ataque a Hazaria, el eliminar a la mitad de sus regios mandatarios justo antes de la invasión,  podía poner sobre aviso al reino vecino. Pero por otro lado, Bassa y él ostentaban el poder de El Maansul a partes iguales. Podría oponerse a las decisiones del clérigo, aunque el sacerdote contaba con el respaldo de la iglesia de Sarak, y por supuesto con el poder del dios.</em></p>
<p><em>De mala gana consintió en darle a Bassa lo que quería.</em></p>
<p><em>-La reina, su consejero personal, Gávin Winston, el capitán de su guardia personal, Derek Stan, y supongo que esa ramera con la que se acostaba, la trovadora Caitlín Sumar.</em></p>
<p><em>-¿Eso es todo?-preguntó el sacerdote</em></p>
<p><em>Váragos asintió con confianza y Bassa dio la orden que el general estaba temiendo.</em></p>
<p><em>-Mátalos a todos…-</em></p>
<p>      Por Ricardo Garrido. A mis padres y mi hermana, por estar ahí&#8230;siempre.</p>
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		<title>Presentación Profesión III &#8211; Ladrón (Juego de Rol)</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Feb 2012 21:39:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Rol]]></category>
		<category><![CDATA[medieval]]></category>
		<category><![CDATA[rol]]></category>

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		<description><![CDATA[Aquí tenéis un nuevo relato corto, perteneciente a otra de las profesiones del juego de rol que estamos diseñando. Esperamos que os guste. El capitán de la guardia decidió dar una nueva ronda por los puestos para comprobar que todo iba correctamente. Con esta, ya iban seis desde que cayó la noche, y no había [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=101&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em></em>Aquí tenéis un nuevo relato corto, perteneciente a otra de las profesiones del juego de rol que estamos diseñando. Esperamos que os guste.</p>
<p><em>El capitán de la guardia decidió dar una nueva ronda por los puestos para comprobar que todo iba correctamente. Con esta, ya iban seis desde que cayó la noche, y no había encontrado el menor resquicio en las defensas desplegadas. El perímetro estaba perfectamente iluminado, piquetes fijos cada pocos metros, varias patrullas móviles… En el centro de semejante despliegue, la iglesia permanecía cerrada a cal y canto, con varios hombres apostados en su interior.</em></p>
<p><span id="more-101"></span></p>
<p><em>El duque había sido muy claro con sus instrucciones, así como de las consecuencias de un fracaso: ir a la capital, recoger el cofre de las manos del cardenal en persona, y regresar a casa. Nadie podría acercarse al cofre, ni mucho menos abrirlo. </em></p>
<p><em>En ello le iba la vida, lo que sin duda explicaba el estado de paranoia constante en el que vivía el capitán, desde que tuvo en su poder el sin duda valioso cofre. Cada sombra podía ocultar una amenaza, cada uno de sus hombres era sospechoso de dormirse o abandonar su puesto. Por eso no se extrañó, cuando vio uno de los piquetes dormitando arrodillado, apoyado en su lanza. </em></p>
<p><em>Sin perder tiempo se dirigió en directo hacia el desafortunado soldado, ideando cual sería el castigo perfecto con el que dar ejemplo al resto. Tan obcecado iba, que no se fijó en la extraña postura del centinela, ni en la mancha oscura que se extendía por su jubón. No fue hasta que le zarandeó, haciéndole caer, cuando se dio cuenta de que algo se había torcido terriblemente, justo delante de sus narices. </em></p>
<p><em>El grito del oficial hendió la noche poniendo en marcha a todos sus hombres, que como uno solo, se dirigieron hacía el templo con las armas desenfundadas. Las puertas del mismo estaban cerradas por dentro, y los guardias no respondían a sus llamadas, así que no dudó en ordenar que las echaran abajo. Un sudor frio le corría por la espalda mientras sus hombres embestían una y otra vez contra la recia madera. </em></p>
<p><em>Cuando la puerta cedió con un crujido y el capitán entró, la imagen no pudo ser más nefasta. Todos los guardias yacían en el suelo, muertos o inconscientes, y el cofre, que descansaba sobre el altar, había sido sustituido por el yelmo de uno de ellos como una última burla.</em></p>
<p><em>Desesperado lanzó a sus soldados en busca del ladrón, aunque en su interior, ya sabía cuál sería el resultado. El culpable era una sombra, y como tal se había esfumado. Su futuro estaba sellado.</em></p>
<p><em>     </em> Por Fernando Bendicho y Ricardo Garrido</p>
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		<title>Sangre de Dragón V</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Feb 2012 10:07:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[Rol]]></category>
		<category><![CDATA[fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[rol]]></category>

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		<description><![CDATA[CAPÍTULO IV. MISTERIOS SIN RESOLVER.  Caitlín despertó lentamente. Entre la neblina que cubría sus ojos verde esmeralda solo pudo distinguir el techo de una habitación. Volvió a asumirse en el sopor del sueño, para despertar de nuevo bien entrada la noche. Tenía la boca reseca y un fuerte dolor de cabeza. Intentó incorporarse de la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=92&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>CAPÍTULO IV. MISTERIOS SIN RESOLVER.</em></p>
<p><em> Caitlín despertó lentamente. Entre la neblina que cubría sus ojos verde esmeralda solo pudo distinguir el techo de una habitación. Volvió a asumirse en el sopor del sueño, para despertar de nuevo bien entrada la noche.</em></p>
<p><em>Tenía la boca reseca y un fuerte dolor de cabeza. Intentó incorporarse de la cama donde estaba recostada pero un latigazo de dolor y un profundo mareo la obligaron a acostarse de nuevo. </em></p>
<p><span id="more-92"></span></p>
<p><em>Con manos temblorosas se palpó la sien, donde el asta de la alabarda le había golpeado. Tenía la cabeza vendada. Su pelo negro como ala de cuervo, estaba apelmazado, pero le habían lavado la sangre que debía de haberle producido el golpe.</em></p>
<p><em>Sin levantar la cabeza de la almohada, examinó la habitación detenidamente. Parecía un cuarto de estudio. A su derecha, al alcance de su mano, había una pequeña mesita de madera de color oscuro, labrada con finos detalles élficos. Encima de ella, había una bandeja de plata con fruta y una jarra de agua fresca. Al final de la estancia, una chimenea de grandes proporciones suministraba calor y luz al dormitorio. Una gran mesa, parecida a las que utilizaban los generales para desplegar los mapas de un campo de batalla,  presidía el centro de la estancia, rodeada de seis sillas recias y bien construidas. Encima de la mesa había amontonados, sin ningún orden aparente, un montón de pergaminos sellados con lacre azul y dos grandes candelabros de plata, encendidos.</em></p>
<p><em>Una especie de tocador con espejo completaba el mobiliario. Su diseño era completamente distinto al del resto de los muebles, lo que llevó a pensar a la joven trovadora que tal vez alguien había traído el mueble apresuradamente, para que ella lo usara.</em></p>
<p><em> Con los ojos mirando de nuevo al techo, Caitlín volvió a la realidad. Una lágrima se deslizó hacia las sienes, empapando la mullida almohada de plumas de ganso. Aquella primera lágrima dio paso a otra y a otra más, hasta que el esbelto cuerpo de la joven se estremeció por el llanto.</em></p>
<p><em>Tan abatida estaba Caitlín que no escuchó la puerta de la estancia al abrirse. Cuando sus ojos volvieron a enfocar la habitación, vio que un anciano la miraba detenidamente, con cara de saber perfectamente por lo que estaba pasando. Lo reconoció al momento, era el consejero personal de Náron, Gávin Winston.</em></p>
<p><em>El viejo había sido como un segundo padre para el príncipe y Náron le confiaba todos sus secretos. Incluso le había revelado su relación con Caitlín.</em></p>
<p><em>Gávin se acercó a la cama y abrazó la trovadora. Caitlín se incorporó a pesar del mareo que sentía y abrazando a su vez al mentor de Náron, volvió a deshacerse en lágrimas.</em></p>
<p><em>-Lo sé, lo sé…Yo también le quería. Desahógate, niña. No hay nada malo en llorar.</em></p>
<p><em>Gávin permitió que la joven diera rienda suelta a su dolor durante unos instantes. Luego, lentamente, se separó y cogiéndola por la barbilla, hizo que le mirara a los ojos.</em></p>
<p><em> -Caitlín, se que tal vez no sea el mejor momento, pero hay algo de lo que tenemos que hablar…-</em></p>
<p><em>La trovadora le miró intrigada, ¿Qué podía ser más importante que llorar a su amor perdido?</em></p>
<p><em>-No entiendo…-le dijo.</em></p>
<p><em>-Dos noches antes de que Náron fuera asesinado, me dejó una caja con un objeto en su interior, un cilindro de metal con inscripciones rúnicas. No sé qué significa, ni para que sirve, pero creo que Náron pretendía ponerlo a salvo. Tal vez presintiera que algo malo le iba a suceder-.</em></p>
<p><em>-¿Qué intentas decirme…?-</em></p>
<p><em>-Creo que el que mató a Náron iba en busca del objeto. Y eso me hace pensar en tu seguridad. Era un secreto a voces, que el heredero de Hazaria y tú, teníais un romance. Temo por ti. No es descabellado pensar que el asesino fije como sus siguientes objetivos a las personas más cercanas al príncipe-.</em></p>
<p><em>Los ojos de Caitlín se abrieron de puro terror.</em></p>
<p><em>-Pero… ¿por qué?&#8230;yo no sé nada…, nunca hizo mención a nada parecido…-.</em></p>
<p><em>-Yo tampoco sé nada al respecto, pero eso no nos libra del peligro-.</em></p>
<p><em>El mundo de la trovadora se cubrió de tinieblas. No solo habían asesinado a su prometido, si no que ahora, había posibilidad de que fueran a por ella.</em></p>
<p><em>¿Cómo podía sucederle esto? Solo quería casarse, tener hijos y estar toda la vida al lado del hombre al que amaba…</em></p>
<p><em>Caitlín se cubrió el rostro con las manos y suspiró profundamente. Entonces se le ocurrió una idea.</em></p>
<p><em>-Vayamos a contárselo a la reina o las autoridades. Sí, estoy segura de que ellos podrán resolver…-</em></p>
<p><em>Gávin la cortó, tajante</em></p>
<p><em>-No. El que mató a Náron era un profesional. Conocía el castillo o tenía medios mágicos para no perderse. Sabía cuando estaría el príncipe en sus aposentos.  De alguna manera burló las protecciones mágicas de la alcoba de Náron&#8230;-</em></p>
<p><em>-Pero…-.</em></p>
<p><em>-No, Caitlín. Náron no era un campesino indefenso, lo sabes bien. Era un guerrero consumado. El que lo mató era…es… bueno, muy bueno. Además, no sabemos que contactos puede tener dentro del palacio.</em></p>
<p><em>Caitlín abrió su mente a la cruda realidad. Le gustase o no, Gávin tenía razón. Miró fijamente la ventana del dormitorio. En el exterior, el viento había arreciado y silbaba a través de algún ínfimo resquicio en los ventanales, como si mil almas aullaran de dolor en algún lugar infernal.</em></p>
<p><em>&lt;&lt;Un lugar como este&gt;&gt; pensó la trovadora</em></p>
<p><em>Caitlín asintió y miró a Gávin. Los ojos verdes del anciano tenían un increíble brillo de astucia. Se alegró de tener un aliado tan inteligente en el anciano consejero.</em></p>
<p><em>-Tienes razón. Como siempre… ¿Qué podemos hacer?-.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>*                      *                      *                      *                      *</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Halfdan bajó de su habitación a la posada. Pidió una jarra de hidromiel, que engulló de un trago. Con disimulo, guiñando un ojo picaresco al posadero, y asegurándose de que recogía la moneda de oro que le pasaba, Halfdan le pidió las indicaciones que necesitaba para llegar hasta la casa de citas La Gata Negra.</em></p>
<p><em>El posadero miró con ojos alegres la moneda, y no tuvo ningún reparo en proporcionarle al bárbaro la información que necesitaba.</em></p>
<p><em>Halfdan le dio las gracias y salió a la fría noche de la capital de Hazaria.</em></p>
<p><em>Anduvo con paso decidido por una de las avenidas principales, y, pasados unos minutos, se internó por el entramado de callejuelas húmedas y sombrías, siguiendo las instrucciones que le habían dado.</em></p>
<p><em>No había muchos prostíbulos en la capital de Hazaria, desde luego,  y los que había, estaban alejados de las zonas donde vivía la gente decente.</em></p>
<p><em>El trayecto le llevó otros buenos diez minutos. Al final salió a una calle más ancha. La Gata Negra estaba frente a él.</em></p>
<p><em>El edificio, de cuatro plantas, estaba construido en ladrillo negro. Dos faroles ardían a ambos lados de una recia puerta de madera, y un cartel de metal, con el nombre del “establecimiento”, se mecía al son del gélido aire que soplaba proveniente de las calles aledañas.</em></p>
<p><em>En la puerta, un tipo calvo, con un tatuaje en la cabeza y grande como una montaña, vigilaba que los clientes se comportaran como debían y, sobretodo, que tuvieran dinero para pagar por los servicios que proporcionaban las señoritas.</em></p>
<p><em>Una sonrisa lobuna apareció en el rostro del bárbaro. No iba a ser fácil tumbar  a aquella mole. Una buena pelea, por fin.</em></p>
<p><em>Halfdan salió del oscuro callejón y avanzó decidido hacia la puerta.</em></p>
<p><em>En cuanto le vio, el calvo del tatuaje se puso en tensión y a la defensiva.</em></p>
<p><em>Halfdan medía cerca de los dos metros, pero el guarda debía de sacarle por lo menos treinta centímetros. Un prominente colmillo surgía del maxilar inferior, dándole al rostro del guardia un aspecto primitivo. Llevaba una porra de cuero atada a la cintura como única arma, y a pesar del frío reinante, solo vestía un chaleco de cuero, corto y abierto y unos pantalones bombachos de color carmesí.</em></p>
<p><em>&lt;&lt;Dioses, un semiogro&gt;&gt; se dijo el bárbaro.</em></p>
<p><em>Sí, definitivamente no iba a ser fácil.</em></p>
<p><em>Cuando llegó a su altura, el gigante se cruzó de brazos y taponó la entrada.</em></p>
<p><em>-Espero que tengas dinero…no  me gustaría tener que partirte los huesos-.</em></p>
<p><em>El aliento no le olía a alcohol. Estaba sereno. Listo para entrar en acción, si alguna de las chicas del prostíbulo pedía ayuda.</em></p>
<p><em>Halfdan sonrió, y desenrollándose la bolsita de cuero que llevaba atada a la cintura, la alzó y la hizo tintinear delante de la cara del calvo.</em></p>
<p><em>El peculiar sonido de las monedas pareció tranquilizar un poco al semiogro.</em></p>
<p><em>-Levanta los brazos, voy a cachearte-tronó</em></p>
<p><em>&lt;&lt;Mierda&gt;&gt; pensó el bárbaro. Adiós a la baza que tenía en la daga escondida.</em></p>
<p><em>El semiogro examinó a Halfdan y no tardó en palpar el arma escondida. Se apoderó de ella y le aseguró al bárbaro que se la devolvería cuando se marchara.</em></p>
<p><em>-Que disfrutes…-le dijo abriéndole la puerta para que pasara.</em></p>
<p><em>Halfdan accedió al interior. La planta baja era una especie de taberna, con mesas, sillas y una gran barra de bar en la pared del fondo. Varias chicas, ligeras de ropa, se insinuaban a los clientes que tomaban una copa.</em></p>
<p><em>No había dado ni dos pasos, cuando una joven morena, desnuda de cintura para arriba y vistiendo unos finos pantalones verdes semitransparentes, le abordó. No debía de tener más de dieciséis años.</em></p>
<p><em>-¿Buscas emociones, grandullón?- le preguntó sensualmente.</em></p>
<p><em>-Tal vez… ¿Qué tienes tú de especial que no tengan las demás…?-preguntó el bárbaro</em></p>
<p><em>-Invítame a una copa y subamos a mi habitación…te aseguro que te enamorarás perdidamente de mí…</em></p>
<p><em>La chica acercó sus labios al rostro el bárbaro. Olía a rosas. Un perfume enloquecedor,  embriagador…</em></p>
<p><em>-…Y descubrirás por que me llaman Víbora…-susurró</em></p>
<p><em>Halfdan la estrechó entre sus fuertes brazos y enterró su cara en el cuello largo y suave de la chica.</em></p>
<p><em>La joven rió y después de permitir que Halfdan se recreara un poco, le cogió de la mano y juntos, subieron las escaleras de madera que daban a los pisos superiores.</em></p>
<p><em>Ascendieron hasta la segunda planta. El bárbaro podía oír los gemidos de las mujeres y de los clientes. Sus sentidos no perdían detalle, por si se cruzaba con Lothar.</em></p>
<p><em>En el segundo piso, un pasillo largo se abría hacia la izquierda de las escaleras, con seis puertas, tres a cada lado.</em></p>
<p><em>Cuatro de las puertas estaban cerradas. Dos abiertas. Víbora condujo al guerrero hacía una de ellas. La última del lado derecho.</em></p>
<p><em>Entraron. La habitación era amplia, con una gran cama con dosel, un tocador con espejo, un par de sillas, un perchero y un baúl de grandes dimensiones. Un brasero de metal calentaba la estancia y unos portavelas encendidos le daban cierto toque romántico.</em></p>
<p><em>Cuando Víbora se giró para recibir al bárbaro entre sus brazos, Halfdan se abalanzó sobre ella y le tapó la boca con su enorme mano. Los ojos de la chica se abrieron como platos por el miedo.</em></p>
<p><em>-No hables. Y escucha atentamente…de la respuesta que me des, dependerá si te parto el cuello o no-.</em></p>
<p><em>Los ojos de guerrero nórdico eran fríos como el hielo. Sus pupilas rasgadas le daban el aspecto de un demonio. Halfdan continuó</em></p>
<p><em>-Busco a un hombre. Se llama Lothar Dientenegro. Por lo que se, viene mucho por aquí. Alto, pelo corto, moreno, con los dientes podridos y una cicatriz grande, que le cruza toda  la frente, ¿lo conoces?-.</em></p>
<p><em>La chica asintió.</em></p>
<p><em>-¿Está aquí?, ¿sabes en que habitación?- preguntó</em></p>
<p><em>Otro asentimiento afirmativo.</em></p>
<p><em>-¿Dónde?-. La muchacha se lo dijo. Primera planta, tercera puerta a la derecha. Siempre iba al mismo sitio y con la misma chica.</em></p>
<p><em>-Bien. Oigas lo que oigas, no te muevas de aquí-los ojos de Halfdan no dejaban lugar a dudas, era mejor hacerle caso.</em></p>
<p><em> El guerrero bárbaro salió de la alcoba, cerrando la puerta y avanzó escaleras abajo.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>*          *          *          *          *          *          *</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Caballo y jinete avanzaban como una exhalación por el camino lodoso, alejándose de Canto de los Dioses. La extenuada montura, un corcel negro, sudaba a mares y arrojaba espuma por la boca después de la larga cabalgada. Sin embargo, su jinete no daba muestras de querer reducir la marcha.</em></p>
<p><em>El hombre, vestía con ropajes del lejano occidente, holgada túnica, cruzada sobre el pecho, de color ocre y gris, así como un pequeño gorro, a juego con la túnica. Sin embargo, a ojos de un oriundo de las lejanas tierras occidentales de Semperia o El Maansul, aquel atuendo no era del todo típico del desierto. La túnica era más gruesa, para ocultar una armadura ligera sin romperse; las botas, sembradas de hebillas, permitían correr mejor que las babuchas; el rostro, cubierto de sucios vendajes, ocultaba las facciones de alguien que sólo podía dedicarse a esparcir el mal, y del cinturón, cruzados sobre los riñones, colgaban dos puñales curvos y largos, enfundados en negras vainas, que a su vez estaban rematadas en rubíes rojos como la sangre. Esas armas, sí provenían de occidente, aunque no eran comunes precisamente. El cuchillo facón era un arma distinguida y cara, que los grandes maestros utilizaban en Semperia para practicar esgrima, el arte prohibido.</em></p>
<p><em>Solo los grandes asesinos portaban armas de ese estilo. Asesinos de reyes. Asesinos de príncipes.</em></p>
<p><em>El caballo siguió avanzando. Su jinete rebuscó bajo sus ropajes y extrajo un pequeño cristal con forma de pirámide, de color rosa pálido. Cada una de las paredes tenía grabada una runa dorada.</em></p>
<p><em>El asesino pronunció el nombre de las runas en un orden concreto y un túnel astral se abrió por delante de él, a veinte metros de distancia sobre el camino enlodado.</em></p>
<p><em>Jinete y montura atravesaron el agujero mágico y se disolvieron.</em></p>
<p><em>Solo la luna fue testigo de ello.</em></p>
<p><em>      </em>Por Ricardo Garrido. A mi esposa y mi hija, por ser los pilares de mi vida.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>El Linaje Perdido III</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Feb 2012 11:03:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Histórico]]></category>
		<category><![CDATA[Medieval]]></category>
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		<description><![CDATA[CAPÍTULO III. LORD EDGAR &#60;&#60; A pesar de que hacía ya unos minutos de la salida de la señora y sus sirvientas del gran salón, ninguna de las figuras se había movido lo más mínimo. Lord Edgar había devuelto la mirada al tronco, dibujando en su mente cuales serían sus siguientes pasos, o más bien, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=88&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>CAPÍTULO III. LORD EDGAR</em></p>
<p><em>&lt;&lt; A pesar de que hacía ya unos minutos de la salida de la señora y sus sirvientas del gran salón, ninguna de las figuras se había movido lo más mínimo.</em></p>
<p><em>Lord Edgar había devuelto la mirada al tronco, dibujando en su mente cuales serían sus siguientes pasos, o más bien, como los llevaría a cabo. Para él, un levantamiento solo podía ser corregido de una manera: el perro que muerde al amo debe ser duramente castigado; sólo así la lección quedará debidamente grabada en su mente.</em></p>
<p><span id="more-88"></span></p>
<p><em>El capitán de la guardia, Ryan, permanecía tan quieto que parecía tallado en piedra. Ya había cometido un error, y estaba más que decidido a no exceder ese número. Aunque sabía exactamente qué era lo que quería su señor, este no le había despedido aún, quizás para hacerle pagar su anterior falta de protocolo, así que se mantendría en su lugar hasta que Lord Edgar dispusiera. Su mirada saltaba del earldorman a su hijo, situado a pocos metros del señor, y que parecía estar a punto de echarse a llorar. El soldado trataba de infundirle ánimo con la mirada, pero el chico estaba demasiado nervioso para dejarse calmar por su tutor.</em></p>
<p><em>Por otro lado, en la cabeza de Nathaniel bailaban todo tipo de sensaciones; algunas tan opuestas que se sentía totalmente desorientado. Pena y dolor por su madre y su tutor; rencor y admiración hacia su padre; excitación ante lo que estaba a punto de ocurrir, aunque también miedo. A pesar de la valentía que aporta la ignorancia, algo en la cabeza del niño le decía que, lo que iba a seguir, sería terrible. La furia de su padre no era una fuerza que debiera ignorarse.</em></p>
<p><em>- Ryan.</em></p>
<p><em>- ¿Mi señor?</em></p>
<p><em>- Quizás sea el momento de recibir a esos emisarios – de nuevo, la voz del señor del castillo había recuperado su tono neutro, carente de emociones – Los recibiré aquí.</em></p>
<p><em>- Mi señor.</em></p>
<p><em>Tras la salida del guardia, Lord Edgar se puso en pie y se quedó mirando fijamente a su hijo, como si le estuviera tomando las medidas. En su mirada no había el menor rastro de amor paternal.</em></p>
<p><em>-    Nathaniel, llegará el día en el que tú gobernarás estas tierras. Como vas a comprobar dentro de poco, esto no sólo conlleva ciertos privilegios. También trae consigo obligaciones. Obligaciones para con tu Rey, obligaciones para con la Iglesia, tu familia, tus hombres, e incluso, hacia tus campesinos – comenzó Lord Edgar – Ellos, desde su posición, no ven nada de esto. Llevan vidas sencillas, sin más preocupación que el clima y la de tratar de arañar lo posible  los impuestos. Excusas, escucharás a miles: que si el clima ha destruido mi cosecha, el fuego prendió en mi granero, los incursores me robaron o Dios sabe que otros cuentos. La inventiva de la plebe es infinita. El problema, es que si tú eres blando, el año próximo repetirán, y el siguiente, y el de después. Al final serás tú el que tendrá que comenzar a dar cuentas al Rey, o a algún obispo de mierda, de la razón por la que tus tierras no rinden como debieran.</em></p>
<p><em>Nathaniel escuchaba cada palabra con atención, pues sabía que su padre nunca hablaba en vano y, si ahora le estaba contando esto, era por alguna razón.</em></p>
<p><em>- Si eres demasiado severo, al final acabarás dando explicaciones de nuevo. Así que llegado a este punto, ¿cómo debería actuar el earldorman? ¿Cómo solucionaría Nathaniel Edgarson esta situación?</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>La pregunta pilló de improviso a Nathaniel, pero supo reaccionar con rapidez.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>- Habría que castigar a los culpables y recuperar los impuestos, pero sin ser excesivamente severos. ¿No es así, padre?</em></p>
<p><em>- Parece que has entendido lo que quería decir. Sin duda serás un señor sabio – algo en el tono de burla de su padre hizo que al chico le corriera un escalofrío por la espalda &#8211; ¡Ya sé lo que vamos a hacer! – Continuó Lord Edgar con falsa alegría – Serás tú quien trate con los emisarios. Tú te encargarás de solucionar esta situación. Encontrarás y castigarás a los culpables, recuperarás mis impuestos y devolverás la tranquilidad a mis tierras. ¿Qué te parece?</em></p>
<p><em>A Nathaniel se le salían los ojos de las órbitas. No sabía muy bien en qué había fallado, o si todo estaba ya decidido de antemano, pero era consciente de que la tarea asignada sobrepasaba, en mucho, sus aptitudes. Aún así, no le quedaba más camino que seguir hasta el final. Sintiéndose desfallecer, contestó con voz quebrada:</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>- No le defraudaré, padre.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Lord Edgar no respondió, ni sonrió. Simplemente miró fijamente al niño mientras asentía, adelantándose ya a lo que vendría después. Pasaron varios minutos en los que padre e hijo no dijeron nada, ambos ensimismados en sus pensamientos. Uno imaginando como transcurrirían las cosas y la satisfacción que sentiría al demostrar su valía. El otro, trazando el plan que terminaría con esta pequeña crisis. Al caballero le daba igual como discurriera la próxima conversación, pues tenía muy claro como se solucionaba una situación de ese tipo. Sólo necesitaba datos para planear el golpe. Una llamada en la puerta y la voz de Ryan solicitando entrar, interrumpió los pensamientos de ambos. El noble le mandó pasar.</em></p>
<p><em>Las puertas se abrieron dando paso al andrajoso grupo de emisarios, escoltados por media docena de guardias armados con lanza y espada. Por mucho que los campesinos habían tratado de escoger sus mejores prendas, para dar buena impresión, al lado de los pulcros soldados ya parecían pordioseros. El grupo mandado por los insurrectos, estaba formado por tres hombres y una mujer, lo que extrañó y alegró al earldorman por igual. Una turba de campesinos formada por hombres únicamente, sería presa fácil contra soldados profesionales. Pero, si encima tenían en sus filas a sus mujeres, que jamás habían visto una carga, y que eran conscientes de lo que les pasaría si caían en manos de los soldados…</em></p>
<p><em>- Mi señor – comenzó el hombre más corpulento de la delegación. Su tono trataba de aparentar firmeza, pero se notaba a simple vista que, debajo esa fachada, el miedo lo dominaba totalmente – Mi nombre es…</em></p>
<p><em>- Silencio – la palabra, emitida apenas más alta que un susurro, sonó como si hubiera sido un grito – No te he dado permiso para hablar. Vamos a dejar una serie de cosas claras. Si por mi fuera, estaríais ya todos muertos. Sólo el consejo de mi hijo ha evitado que así sea. Será a él al que os dirijáis, cuando él os lo permita. Como futuro earldorman de estas tierras, será él quien decidirá  cómo solucionar esta situación.</em></p>
<p><em>Ahora era el turno de los campesinos de quedarse asombrados. Esperaban negociar con un noble de terrible reputación, y se encontraban con que su adversario era un niño. Una sonrisa cruzó, brevemente, el rostro del campesino.</em></p>
<p><em>- Explicaos, e id al grano – la voz de Nathaniel, aunque intentaba emular la autoridad que transmitía la de su padre, sonaba aguda e insegura.</em></p>
<p><em>Sam, pues así se llamaba el emisario que habían decidido por adelantado que llevaría las riendas de la conversación, se sentía cada vez más seguro.</em></p>
<p><em>Inicialmente, la perspectiva de entrar en el salón de Lord Edgar con exigencias, le había parecido una locura. Tal era el miedo que inspiraba el noble, que el formar parte del grupo de emisarios había sido echado a suertes entre los cabecillas de la revuelta. Uno a uno, habían ido sacando pajitas, hasta que cuatro quedaron elegidos.</em></p>
<p><em>Presentarse ante la guardia ya exigió un gran valor, pero éste desapareció totalmente al traspasar la puerta del salón donde les esperaba su señor.</em></p>
<p><em>Aunque el comienzo había sido malo, la suerte parecía haber dado un giro ofreciéndoles la oportunidad de negociar con un niño. Sam se consideraba bastante inteligente. Llevaba tiempo sembrando su descontento, y por fin iban a cambiar las cosas. Todo gracias a él. Él, que había empujado a la revuelta. Él, que había apuñalado al recaudador el primero, abriendo las puertas a la carnicería. Y sería él quien ahora doblegara a los nobles.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>El portavoz de los campesinos comenzó a hablar con voz segura, disculpándose en primer lugar, por la “terrible y desafortunada situación” en la que todos se veían envueltos. Tras esto, pasó a enumerar un enorme listado de circunstancias y calamidades, algunas reales  y otras exageradas, que habían ido azotando en los últimos tiempos la región.</em></p>
<p><em>Nathaniel, con el rostro inmutable, escuchaba pacientemente las razones expuestas ante él, como justificación del alzamiento. Sin dejar de escuchar a su interlocutor, recordó la conversación que había tenido minutos atrás con su padre, en la que Lord Edgar ya había avisado por qué derroteros iría el asunto. Aún así, él era todavía un niño, y no podía dejar de sentir cierta aflicción por las  miserias de esa gente.</em></p>
<p><em>Mientras tanto, Lord Edgar paseaba con aire distraído, por el salón. Sin duda, escuchaba atento cada palabra que allí se pronunciaba, pero en ningún momento aparentó el menor interés por el devenir de la conversación. De vez en cuando, se paraba a admirar un tapiz, como si nunca antes lo hubiera visto. Poco después, se paraba ante una armadura expuesta y frotaba cuidadosamente una mancha que parecía haber descubierto.</em></p>
<p><em>La conversación continuaba, y, lentamente, los emisarios fueron olvidándose del noble, centrados en lo que se desarrollaba frente a ellos.</em></p>
<p><em>En un momento dado, Nathaniel, a pesar de la empatía que pudiera sentir hacia esos pobres desgraciados, no tuvo más remedio que preguntar la razón del asesinato de los hombres del earldorman que, por ende, eran los hombres del rey, y acerca de los impuestos perdidos. La pregunta del chico dejó clavado al caballero a mitad del paseo, justo detrás del grupo de emisarios. En su interior, Lord Edgar no podía dejar de sentir cierta satisfacción por el comportamiento de su hijo. Si hubiera tenido que apostar antes de comenzar, lo hubiese hecho contra él. Ahora se daba cuenta de que, a pesar de esa temprana edad e inexperiencia que todavía le incitaban a sentir lástima por esa panda de asesinos y traidores, su hijo poseía una sagacidad que, bien pulida, le sería de enorme utilidad en el futuro.</em></p>
<p><em>- La recaudación se ha perdido, mi señor – el tono del emisario era algo más apurado, aunque todavía se sentía seguro al estar tratando con un niño, por muy noble que fuera – La gente se volvió loca cuando estalló la violencia, y en pocos minutos no quedó nada en el carromato. Una vez pasado el momento de furia, les entró el pánico, sólo de pensar en las consecuencias de lo que habían hecho, y decidieron sublevarse. La pérdida de los guardias fue una tragedia, pero de nada sirve mirar hacia atrás. Debemos tratar de solucionar el problema.</em></p>
<p><em>Hay varios cientos de hombres a pocas millas de aquí, armados y dispuestos a todo, y en el castillo hay pocos soldados. Dejad que se queden con la plata como un gesto de buena voluntad, y haced concesiones. Así no habrá más derramamiento de sangre y…</em></p>
<p><em>En ese punto, Sam cortó bruscamente su alegato al lanzar un grito ahogado. Un fuerte impacto por la espalda y otro en el estómago le dejaron sin resuello.</em></p>
<p><em>Desde el primer momento, la actitud desafiante del campesino había ido encendiendo el carácter, ya de por sí explosivo, del caballero. A pesar de la actitud meditabunda y distendida del noble, en su interior la ira había ido avanzando cada vez más rápido, como el fuego en un granero repleto de paja seca. Con la última parrafada, el emisario había conseguido rebasar la fina línea que separaba dentro de la cabeza de Lord Edgar, la ira, del instinto asesino.</em></p>
<p><em>El movimiento del earldorman había sido fulgurante. El guardia, más atento a los campesinos y el joven noble que a su señor, no se esperaba que éste le arrebatara la lanza. Una vez con ella en las manos, Lord Edgar no dudó un instante en acometer con todas sus fuerzas contra el portavoz de los sublevados.</em></p>
<p><em>La hoja atravesó limpiamente el cuerpo desprotegido del hombre, aunque en semejante situación, ni siquiera llevar protecciones le habría salvado.</em></p>
<p><em>En un acto reflejo, otro de los integrantes de la comitiva se abalanzó hacía su compañero herido. El movimiento repentino hacia el herido, la lanza, y por tanto, el portador de la misma, fue entendido como una agresión contra su amo por Duke, el enorme mastín de guerra, que no dudó en lanzarse contra el agresor.</em></p>
<p><em>Para cuando el campesino quiso reaccionar, el animal ya se le había echado encima, apresando su antebrazo entre sus fauces. En cuanto el perro notó la sangre caliente inundar su boca, sacudió con todas sus fuerzas su enorme cabeza hacia los lados, arrojando a su víctima al suelo a la vez que partía los frágiles huesos de su extremidad. El asustado campesino, presa de una mezcla de miedo y dolor, pataleaba tratando de librarse de la bestia. Un segundo después, llegaron los otros dos mastines, y su mundo se convirtió en una pesadilla de afilados dientes.</em></p>
<p><em>Despacio, como si de un sueño se tratara, el joven campesino se palpó con cuidado, donde había sentido el impacto. Todavía sin desviar la mirada del hijo de su señor, que le miraba desencajado, tocó la hoja afilada que le salía de mitad del pecho. Incrédulo, bajó la mirada hacia ella, agarrándola como si quisiera apresar el metal. La mirada perdía enfoque, pero no sentía dolor. De nuevo su mirada retornó al niño, como si pudiera explicarle algo que a él mismo se le había escapado. De fondo se escuchaban gritos, aunque parecían  amortiguados, como si fueran producidos en otra habitación. Aferrándose a la vida, observó como lentamente el mundo perdía definición, mientras comenzaba a sentir en su pecho una especie de ardor.</em></p>
<p><em>Cuando, un instante después, la lengua metálica que le salía del pecho se retiró con la misma violencia que había aparecido, Sam no pudo evitar desplomarse. Y allí, moribundo, se dio cuenta del enorme error de cálculo que habían cometido. El último pensamiento que tuvo antes de morir, fue para su familia que esperaba entre los insurrectos a que regresara.</em></p>
<p><em>‘Hasta aquí ha llegado esta fantochada’ pensó furioso Lord Edgar, arrancando enérgicamente la lanza del cuerpo del campesino.</em></p>
<p><em>- Basta – dijo con una voz sosegada, que en nada concordaba con su estado de ánimo – Creo que a partir de este punto, retomo yo las negociaciones.</em></p>
<p><em>La sala era un caos. Los dos campesinos ilesos gritaban, apretándose entre si, como si permanecer juntos fuera a proporcionarles algún tipo de protección extra. Los guardias, con las lanzas en ristre, se habían dividido en dos líneas, una bloqueando la salida, y otra protegiendo al hijo del earldorman. Los mastines se ensañaban con el pobre infeliz que había tratado de auxiliar a su compañero, añadiendo al tumulto sus gruñidos y los gritos desgarrados de su víctima.</em></p>
<p><em>El único que no reaccionó fue Nathaniel. El lanzazo, que había llegado a manchar su ropa con pequeñas gotas de sangre, le había dejado fuertemente impactado. Esta era la primera muerte violenta a la que asistía. Los gritos y gruñidos no hacían sino embotar más aún la mente del chico. Cuando fijó su mirada en el rostro de su padre, Nathaniel le descubrió observándole, como si estuviera calibrando su reacción. Sin más, devolvió la mirada al campesino con el que, hasta hacía unos instantes, había estado conversando. El pobre hombre murmuraba algo, aunque era imposible adivinar que era. Lentamente, un enorme charco de sangre iba formándose alrededor de su figura caída, que comenzaba a sufrir pequeños espasmos.</em></p>
<p><em>- He dicho que basta. ¡Basta! – una vez más, el grito del lord hizo que el mundo entero se paralizase. Los perros, sumisamente, soltaron la presa y con los morros ensangrentados, regresaron a su posición junto a la enorme silla que utilizaba su amo. En la sala sólo se escuchaba la respiración entrecortada del moribundo, los gemidos agónicos del herido y los sollozos contenidos de la mujer.</em></p>
<p><em>- Y ahora, ¿qué hacemos? – preguntó, con aire distraído el noble, a nadie en particular – Con las negociaciones asfixiándose en su propia sangre, y ensuciando mi salón… ¿Qué haremos? -</em></p>
<p><em>Esta vez los campesinos no abrieron la boca. En sus ojos se veía el terror más absoluto.</em></p>
<p><em>- Yo tengo una idea. A ver qué os parece. Antes que nada, ¿a cuál de vosotros he de dirigirme? Vuestro portavoz parece… indispuesto, y aquel…  – Lord Edgar se estaba divirtiendo. Notaba la tensión y el miedo que flotaban en la sala, y disfrutaba con ello. Mientras, ninguno de los campesinos estaba dispuesto a dar un paso al frente. – Estoy esperando.</em></p>
<p><em>Durante largos segundos no ocurrió nada.</em></p>
<p><em>- Tú – continuó, ligeramente molesto porque no se le estuviera siguiendo el juego, señalando a uno de los guardias – Coge a la mujer y llévala al cuerpo de guardia. Diles a los hombres que es un presente de su señor.</em></p>
<p><em>El último de los campesinos, no hizo el menor movimiento para ayudar a la mujer cuando la arrancaron de su lado. Puede que incluso, se sacudiera ligeramente, para ayudar a liberarse de los dedos que se aferraban a él, intentando escapar del infierno.</em></p>
<p><em>- Bueno. – dijo el earldorman – Parece que al final serás tú el que negociará conmigo.</em></p>
<p><em>El tono del señor feudal era divertido de nuevo. Su rostro sonreía de oreja a oreja, aunque en sus ojos brillaba un fuego que prometía venganza. El recién nombrado portavoz, no dudó un instante en postrarse de rodillas ante él.</em></p>
<p><em>- ¿Ahora te arrodillas? – susurró el earldorman, borrando la sonrisa repentinamente del rostro – Después de matar a mis hombres, robar mis pertenencias e insultarme, ¿ahora es cuando te arrodillas?</em></p>
<p><em>- P..pi..pi..piedad, mi señor – ya no quedaba nada de la valentía que sintieron durante el alzamiento. Lejos quedaban las arengas prometiendo libertad y otros imposibles, así como lejos quedaba la turba que les había hecho sentir invencibles. – Dejadme marchar, mi señor. Co..convenceré a los demás. </em></p>
<p><em>- Cállate – los ojos del noble brillaban con fiereza – Como emisario que eres, portarás mi respuesta. Te aseguro que me siento capaz de convencer a esa chusma sin ayuda de ningún campesino. Ryan, quizás ahora si sea el momento adecuado para que mi hijo abandone la sala y vaya a ver qué hace su madre. Le quiero descansado y listo una hora antes del amanecer. Mañana nos acompañará a impartir la justicia del Rey.</em></p>
<p><em>Esa noche nadie durmió en el castillo. Unos preparándose, otros esperando su turno para recibir las atenciones de la campesina. Los hubo que no durmieron a causa de los gritos de los dos supervivientes, mientras eran torturados. Nathaniel tardó mucho en sucumbir ante el cansancio, en su mente, los labios ensangrentados de aquel desgraciado seguían susurrando palabras sin sentido, mientras se desangraba en el suelo. Cuando por fin cayó rendido, fue para sumergirse en un sueño terrorífico, donde por más que corría, no podía evitar que la sangre le alcanzara. &gt;&gt;</em></p>
<p>       Por Fernando Bendicho. Para mi madre y hermano, por todos los ratos que han invertido en ayudarme.</p>
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		<title>Incorporación de nuevos libros recomendados</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Feb 2012 18:39:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos de Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Durante estos últimos dias, hemos recibido algún mail aportando ideas acerca de libros que os han gustado, y que creeis que deberian de estar en la página de Sugerencias Literarias. Sin duda alguna, varios de ellos se merecen un huequecillo para ser leidos, así que, procedemos a actualizar. Las nuevas incorporaciones son: Ciencia Ficción &#8212; [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=86&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante estos últimos dias, hemos recibido algún mail aportando ideas acerca de libros que os han gustado, y que creeis que deberian de estar en la página de Sugerencias Literarias. Sin duda alguna, varios de ellos se merecen un huequecillo para ser leidos, así que, procedemos a actualizar.</p>
<p><span id="more-86"></span></p>
<p>Las nuevas incorporaciones son:</p>
<p>Ciencia Ficción &#8212; Los reyes de la arena</p>
<p>Fantasia &#8212; Trilogía de Bartimeo / Saga La Rueda del Tiempo</p>
<p>Narrativa histórica &#8212; Saga de Teutoburgo / Black Hawk deribado / Shogun</p>
<p>Terror &#8211; Thriller &#8212; El descenso</p>
<p>Muchas gracias por vuestra aportación.</p>
<br />Filed under: <a href='http://relatosdesdevalheim.wordpress.com/category/articulos-de-opinion/'>Artículos de Opinión</a>, <a href='http://relatosdesdevalheim.wordpress.com/category/blog/'>Blog</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/relatosdesdevalheim.wordpress.com/86/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=86&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Presentación Profesión II &#8211; Médico de Campaña (Juego de Rol)</title>
		<link>http://relatosdesdevalheim.wordpress.com/2012/02/10/74/</link>
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		<pubDate>Fri, 10 Feb 2012 20:23:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rol]]></category>
		<category><![CDATA[medieval]]></category>
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		<category><![CDATA[Vikingos]]></category>

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		<description><![CDATA[Este relato pertenece al juego de rol de ambientación histórica que Fernando y yo hemos diseñado. Aunque la verdad es que, para ser justos, hay que decir que la base del juego salió de la magnífica imaginación de mi amigo Miguel Sánchez (Tú eres el verdadero padre de todo esto, y a ti va dedicado [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=74&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este relato pertenece al juego de rol de ambientación histórica que Fernando y yo hemos diseñado. Aunque la verdad es que, para ser justos, hay que decir que la base del juego salió de la magnífica imaginación de mi amigo Miguel Sánchez (Tú eres el verdadero padre de todo esto, y a ti va dedicado este primer relato. Gracias amigo por las grandísimas tardes que Rexor, Bassa, Gulthan, Elderan y los demás, pasamos con el “chiringuito”).</p>
<p> El juego se llamará El Mundo en Guerra y estará ambientado, al menos al principio, en la Edad Oscura, nombre que se le da a los primeros siglos de la Alta Edad Media. Aunque dicho periodo comprende  desde la caída del Imperio Romano de occidente (año 476 d. C.) hasta el año 1000 d. C., en la primera fase, el juego va a abarcar desde el año 750 d. C. hasta el año 1300 d. C.</p>
<p><span id="more-74"></span></p>
<p>Este periodo comprende, históricamente el reinado de Carlomagno (768-814), el ataque vikingo al monasterio inglés de Lindisfarne (792 d. C., acontecimiento que es considerado como el inicio de la era vikinga en Europa), las invasiones danesas y noruegas a Europa e Irlanda, el dominio musulmán y la posterior Reconquista de la Península Ibérica, La conquista de Inglaterra por Guillermo I duque de Normandía en la batalla de Hastings en 1066, las Cruzadas, la rebelión escocesa en Gran Bretaña…, y decenas de acontecimientos más que podríamos incluir.</p>
<p>Dentro del juego se han creado las profesiones más típicas para un grupo de aventureros. Una de estas profesiones es el Médico de Campaña, que básicamente, es un guerrero con nociones avanzadas de medicina, lo que le convierte en un personaje muy versátil.</p>
<p>Cada semana iremos colgando los relatos pertenecientes a todas las profesiones que se darán en el juego, así como reglas y comentarios. De momento aquí tenéis la presentación de Médico de Campaña. Esperamos que disfrutéis con él y con todo lo que dará de sí El Mundo en Guerra…</p>
<p>Para Miguel, con mi más sincera admiración…</p>
<p><em>“…En todos sus años como guerrero, Ivar nunca había visto algo igual. Realmente tenían razón sus parientes cuando, al regresar a casa cargados de plata, aseguraron que esta tierra era un filón para el que quisiera botín y gloria.</em></p>
<p><em>Para esta incursión habían reunido una flota con seis barcos, alrededor de ciento cincuenta guerreros, y se habían prometido no regresar hasta reunir, como mínimo, la misma cantidad de plata y botín que sus predecesores. A los diez días de llegar, el señor de esas tierras ya había reunido suficientes hombres para plantarles cara y, confiando en su superioridad numérica, los lanzó contra el muro de escudos danés, donde se fueron estrellando como las olas contra un acantilado. En poco más de una hora, el ejército que debía de librar la comarca de los demonios del norte no existía, su señor, yacía muerto, y los restos de la tropa inglesa huían en desbandada, con la esperanza de poder llegar a sus familias y huir antes de que los vencedores comenzaran a recoger su premio como fruta madura, sin ninguna oposición, hasta que las noticias se propagaran y acudieran refuerzos de otros condados, lo que tardaría semanas en suceder.</em></p>
<p><em>Alrededor de Ivar, se extendía una alfombra de muerte, aunque pocos eran los nórdicos muertos. Apenas le había dado tiempo a coger un bonito anillo, con una piedra verde engarzada, de la mano de su antiguo propietario, que ya no lo luciría más, cuando le llamaron por primera vez.</em></p>
<p><em>- ¡Ivar!&#8230;, Olaf está herido – el grito sonó a pocos metros a su derecha.</em></p>
<p><em>- ¡Ivar, aquí! – esta vez sonaba desde las filas traseras.</em></p>
<p><em>&lt;&lt;Ya estamos, joder&gt;&gt; pensó apesadumbrado el guerrero, &lt;&lt;otro combate que me quedo con las migajas&gt;&gt;.</em></p>
<p><em>Con un suspiro de resignación se colocó el anillo en uno de sus gruesos dedos y se dirigió hacia la más cercana de las voces que le llamaban, mientras sacaba los utensilios que le ayudarían a cerrar heridas, extraer proyectiles, o tratar de arreglar fracturas.</em></p>
<p><em> &lt;&lt;Tengo curiosidad de saber, qué coño pasará cuando sea yo el que esté con las tripas colgando&gt;&gt;.</em></p>
<p><em> Fue su último pensamiento antes de meterse en su trabajo, hasta bien entrada la noche. A su alrededor los supervivientes cogían cuanto de valor encontraban mientras las bebidas comenzaban a correr, pues todos sabían que iban a ser muy ricos…”</em></p>
<p><em>      </em>Por Fernando Bendicho y Ricardo Garrido</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Sangre de Dragón IV</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 10:45:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[Rol]]></category>
		<category><![CDATA[fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[rol]]></category>

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		<description><![CDATA[CAPÍTULO III. RECUERDOS. Halfdan avanzó con paso decidido por la calles de Canto de los Dioses. La calzada adoquinada de piedras blancas, ahora cubierta de barro por las botas de los viandantes y las ruedas de los carros, se perdía entre la multitud de casas perfectamente alineadas. La copiosa lluvia, mezclada con el humo de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=70&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>CAPÍTULO III. RECUERDOS.</em></p>
<p><em>Halfdan avanzó con paso decidido por la calles de Canto de los Dioses. La calzada adoquinada de piedras blancas, ahora cubierta de barro por las botas de los viandantes y las ruedas de los carros, se perdía entre la multitud de casas perfectamente alineadas. La copiosa lluvia, mezclada con el humo de las chimeneas de los hogares, daba un aspecto siniestro a la luminosa ciudad. Una espesa neblina envolvía los tejados, convirtiendo el cielo en una bóveda fantasmal, digna de un pueblo maldito.</em><br />
<em>Cansado de caminar y calado hasta los huesos, el guerrero bárbaro se detuvo en la primera posada medianamente decente que encontró.</em></p>
<p><em><span id="more-70"></span></em><br />
<em>Entró y pidió algo de comer y beber. Después de dar cuenta de un cuenco de ciervo asado, regado con dos jarras de buena cerveza, pidió una habitación y subió a descansar.</em><br />
<em>La estancia estaba en buenas condiciones. Tenía una cama, un pequeño armario y una mesa con una silla, encima de la cual le habían dejado varias velas de sebo y un soporte de hierro para colocarlas. En la esquina más oriental de la habitación había un minúsculo hogar de leña, poco más grande que un brasero, encendido.</em><br />
<em>Halfdan se quitó la mochila, dejo la espada y se saco la capa de piel de oso y la cota de malla.</em><br />
<em>Desprendiéndose seguidamente de las pesadas botas y de la ropa mojada, se dejó caer en el camastro. El mueble crujió de manera amenazante cuando los casi ciento veinte kilos de puro músculo del bárbaro cayeron a plomo sobre la estructura.</em><br />
<em>Estaba agotado. La luz del pequeño brasero iluminaba débilmente la estancia y el calor que provenía de las brasas resultaba embriagador.</em><br />
<em>A pesar de que al guerrero no le gustaban las ciudades, tenía que reconocer que se dormía bastante mejor en una cama que en el frío suelo del bosque o sobre la piedra de una cueva.</em><br />
<em>Se colocó los brazos detrás de la cabeza y su mirada se quedó fija en el techo de la habitación.</em><br />
<em>Esta era la primera ciudad, que podía llamarse como tal, que había pisado desde hacía dos meses.</em><br />
<em>Había pasado un año desde que saliera de casa.</em><br />
<em>De casa de Osric, quería decir.</em><br />
<em>A pesar de no ser su hogar, los años que había pasado junto a su mentor en su casa del bosque habían sido los mejores de su vida. De su larga vida.</em><br />
<em>Al final Osric también había muerto. Como les pasaba a todos los que le rodeaban, pues aunque aparentaba tener veinticuatro o veinticinco, aquello distaba mucho de la realidad. Tenía noventa años.</em><br />
<em>Su mágica herencia. Su mágica condena.</em><br />
<em>Condenado a vivir, solo los dioses sabían cuantos años. Condenado a ver morir a todos los que le importaban.</em><br />
<em>Halfdan desvió la mirada a una de las velas, que ardía en el soporte de hierro. La hipnótica danza de la llama y el crepitar de las brasas en el silencio de la noche llevaron su mente al pasado…</em><br />
<em>Recordó aquel día…, la cacería con su mejor amigo Sven. La avalancha que sepultó a todo su grupo en el desfiladero. Sven herido de muerte y él, negándose a dejarlo en aquel inhóspito lugar, lo mantuvo con vida durante cuatro días, al final de los cuales, una banda de salteadores les habían capturado en el bosque al que consiguieron llegar atravesando la tundra helada.</em><br />
<em>Después de una semana sin ningún tipo de cuidado, las heridas de Sven habían empeorado y él se decidió a escapar.</em><br />
<em>Degolló a uno de sus captores con un pedazo de piedra afilada y cargando con Sven se adentró en el bosque.</em><br />
<em>Pero en esas circunstancias no podían llegar muy lejos. No olvidaría nunca las palabras de Sven, con la frente perlada de sudor por la fiebre</em><br />
<em>-Hal, no podemos seguir así. Si no me dejas aquí…moriremos los dos…y tú lo sabes-.</em><br />
<em>-No voy a abandonarte. Resistiremos juntos o moriremos juntos-</em><br />
<em>-No. Ya has hecho demasiado por mí. Es hora de que yo haga algo por ti-</em><br />
<em>Sven le entregó entonces un pequeño amuleto. El martillo de Thor, tallado en madera.</em><br />
<em>-Toma, quiero que lo tengas tú. Escapa, sal de aquí y hazles pagar lo que nos han hecho. Vive… para luchar otro día.</em><br />
<em>Había apoyado la mano en el hombro de su amigo, y con lágrimas de rabia y dolor, recogió un palo grueso del suelo del bosque y se lo entregó a Sven.</em><br />
<em>-Ningún guerrero bárbaro debe morir sin luchar. Que Odín guíe tu brazo en la batalla…-</em><br />
<em>Sven asintió con decisión. Recogió la improvisada arma que le ofrecía y sonrió.</em><br />
<em>-Victoria o Valhalla-dijo</em><br />
<em>Corrió a través de la espesura, mientras Sven entonaba una vieja canción de guerra.</em><br />
<em>El cántico le siguió durante varios minutos. Luego un grito. Y después el silencio.</em><br />
<em>Consiguió escapar del bosque. Sin nada que le ralentizase, avanzó como un lobo, acostumbrado como estaba a moverse por los fríos y cerrados bosques norteños.</em><br />
<em>Conoció a Osric varios meses después, en una pequeña aldea. Su mentor, ya un hombre anciano, había sufrido un accidente en el tejado de su hogar y viendo el tamaño que tenía, decidió pagarle algún dinero por su ayuda en la reparación del mismo.</em><br />
<em>Hizo un buen trabajo y el viejo Osric le ofreció quedarse unos días más, esta vez como huésped en lugar de cómo empleado.</em><br />
<em>No teniendo ningún lugar al que ir, el guerrero aceptó.</em><br />
<em>Y los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. Y allí comenzó su entrenamiento. Recordó las lecciones sobre plantas y animales y sobre la historia de Hybernia. Las largas caminatas por el bosque y las carreras cargado con la mochila y la cota de malla. Las mañanas en las que había practicado hasta la saciedad con la espada, el escudo y la lanza. Durante cinco años, Osric le enseñó todo lo que necesitaba saber. Sin tregua. Sin descanso.</em><br />
<em>Un día había vuelto de cazar y se encontró a Osric vestido con una vieja armadura de cuero y preparado para viajar.</em><br />
<em>-¿Te marchas?-le preguntó.</em><br />
<em>-Nos marchamos-dijo remarcando el “nos”.</em><br />
<em>-¿Adonde?-.</em><br />
<em>-Vas ha hacer un viaje- le respondió el viejo.</em><br />
<em>No consiguió sonsacarle nada más a su mentor y durante dos días atravesaron las montañas, al final de los cuales llegaron una cueva perdida entre el denso follaje. Osric indicó a su pupilo que permaneciera dentro y que no se moviera bajo ninguna circunstancia. Acto seguido, se introdujo hacia las entrañas de la tierra.</em><br />
<em>Reapareció varias horas más tarde y le dijo que le siguiera. Se aventuraron en la caverna y pasado un buen rato llegaron a una gran sala excavada en roca viva. En un extremo había una pequeña fogata y al lado un montón de instrumentos de alquimia.</em><br />
<em>-Siéntate – le dijo Osric. Halfdan le obedeció.</em><br />
<em>-Hace calor aquí-dijo el bárbaro. Sudaba muchísimo y se le había nublado la vista. Se sentó. Estaba mareado.</em><br />
<em>Osric le ofreció un brebaje y él se lo bebió sin rechistar.</em><br />
<em>Y entonces viajó. Se perdió en las arenas del tiempo. Y voló. Voló sobre un mar de arena, y gritó a Osric que le ayudara pues tenía miedo. Y su voz habló en un idioma sagrado y ancestral. El día se convirtió en crepúsculo, y vio un atardecer de leyenda donde se mezclaban el violeta, el naranja y el rojo.</em><br />
<em>Atravesó montañas, bosques y glaciares hasta llegar a un páramo helado donde fue testigo de una brutal batalla.</em><br />
<em>Vio actos heroicos, cobardía y miedo. Y fue testigo de su linaje. Y conoció a sus padres. Sus verdaderos padres. Su verdadera historia.</em><br />
<em>Había despertado dos días después, en casa de Osric. A partir de aquel momento, empezó a percibir cambios en su cuerpo. Su fuerza aumentó de manera considerable, su piel adquirió una tonalidad azulada, prácticamente imperceptible, pero que se veía más claramente a la luz del sol. Sus ojos azules, conservaron su intenso color, pero la pupila, que hasta ahora había sido redonda igual que la de cualquier ser humano, se rasgó, adoptando la forma de los ojos de los reptiles.</em><br />
<em>A media que Halfdan se transformaba, las fuerzas de Osric menguaban. De tal manera que en poco tiempo, el anciano quedó postrado en cama. Nada de lo que había aprendido el bárbaro sobre remedios curativos pudo mejorar el estado de salud de Osric.</em><br />
<em>Una mañana, se sentó junto a su mentor. Su aspecto era el de un fantasma, pálido y demacrado. Los ojos se le habían hundido en las cuencas y había perdido mucho peso.</em><br />
<em>-¿Tan mal aspecto tengo?- la pregunta sorprendió al bárbaro que dio un respingo.</em><br />
<em>-No sé qué hacer. Ningún remedio de los que me has enseñado funciona-.</em><br />
<em>-Me muero. No le des más vueltas, no puedes… hacer nada. Las Nornas han cortado el hilo de mi vida y… ya no hay vuelta atrás. Pero tú… tú tienes un destino que cumplir…-</em><br />
<em>-No hables más, tienes que reservar tus fuerzas…-</em><br />
<em>-No me quedan fuerzas que poder reservar…-Osric se había levantado entonces de la cama con una energía, que pensó durante unos instantes que el viejo le había estado tomando el pelo.</em><br />
<em>-Escúchame. Te acogí porque me fue revelado que estabas llamado a realizar grandes gestas. Cuando yo… me haya ido, sal de aquí. Venga a Sven y forja tu propia leyenda…,-el viejo suspiró profundamente. Le costaba mucho poder hablar &#8211; Halfdan, ve hasta mi baúl y ábrelo.</em><br />
<em>El, obedeció, intrigado. Se acercó al pesado cofre de madera y lo abrió.</em><br />
<em>-Vacíalo. El fondo… está hueco. Rompe las tablas, ya no tiene importancia. Eso es…, saca esa funda de cuero. Ábrela…-</em><br />
<em>Halfdan había extraído entonces un paquete grande, del doble fondo del baúl. Desenrolló el gastado cuero y la luz de la mañana iluminó su contenido.</em><br />
<em>Halfdan recordaba haber abierto los ojos como platos cuando contempló el arma que Osric tenía escondida. Era una espada del tipo que llaman bastarda, una hoja a medio camino entre la espada larga y el poderoso mandoble a dos manos. Las espadas de este tipo podían usarse a una mano, junto con un escudo u otra arma más ligera o, empuñarla a dos manos, pero su manejo requería cierto adiestramiento especial, por eso no había muchos guerreros que la manejaran.</em><br />
<em>Era un arma terriblemente hermosa. Tenía la cruz de la empuñadura ligeramente curvada hacia arriba y ambos brazos terminaban en un pequeño círculo plateado. El mango era largo, lo bastante para poder empuñarla con comodidad y estaba forrado de suave cuero negro trenzado. El pomo estaba tallado representando la cabeza de un dragón con las fauces abiertas. Desde la cruz, salía una pieza de metal de una cuarta aproximadamente, que estaba decorada con caracteres rúnicos. De esta pieza de metal salía la hoja propiamente dicha, que era de un suave color azulado, y cuando se la desenvainaba, parecía capturar la luz para emitirla después en un suave brillo.</em><br />
<em>-Se llama Espíritu de Tormenta. Perteneció a mi padre y al padre de padre. Ahora es tuya. No la deshonres nunca-.</em><br />
<em>-Yo…yo….Osric…no puedo aceptar un arma como esta, no soy digno de…-.</em><br />
<em>-Claro que puedes. Y debes. Es el arma de un héroe. Tú senda está trazada, Hijo de los Azules…</em><br />
<em>Aquella misma tarde, Osric murió. Halfdan había construido una pira funeraria y velado el cuerpo de su mentor durante toda la noche mientras el fuego purificador se llevaba su alma al Hogar de los Dioses.</em><br />
<em>Al día siguiente, recogió sus cosas y partió del que había sido su hogar.</em><br />
<em>Había tardado casi un año en llevar a cabo la promesa que le hiciera a Sven.</em><br />
<em>Cuatro habían sido los captores. Tres de ellos ya habían muerto. El primero, fue un tal Rot. Un tipo alto y delgado. Hábil con la espada corta y el cuchillo, aunque no tanto como el bárbaro. El segundo había sido Othar, un semiorco grande y estúpido. Halfdan lo había abatido en un mercado, mientras intentaba violar a una chiquilla, poco más que una niña, en un callejón. El tercero se llamaba Savis. Halfdan lo encontró en una celda, en un pequeño pueblo costero de Hazaria. Estaba acusado de robo y violación. Le cortaron las manos y le castraron como castigo por sus crímenes. El bárbaro lo mató el mismo día en que salió del monasterio de Loth, El Creador, donde se había recuperado de sus heridas.</em><br />
<em>Solo quedaba uno. Lothar Dientenegro. Su jefe. Halfdan le había seguido el rastro hasta Canto de los Dioses.</em><br />
<em>Sabía por las indagaciones que había hecho, que el bandido era cliente habitual de un prostíbulo llamado La Gata Negra. Allí iría esta noche. Sería la última que lo hiciera.</em><br />
<em>El bárbaro apartó la vista de la vela y cerró los ojos. Le costó conciliar el sueño pero al final lo consiguió.</em><br />
<em>Cuando despertó era de noche. Había dejado de llover, pero en su lugar se había levantado un viento frío que hacía moverse los postigos de madera de la ventana de su habitación. Halfdan se incorporó del camastro. Se puso ropa seca y se ocultó una daga en la bota. No le hacía gracia entrar en aquel nido de ratas sin armas ni armadura, pero dudaba que le dejaran pasar vestido como si fuera a entrar en batalla. Cogió un buen puñado de monedas de oro y las guardó en un saquillo de cuero que se anudó a la cintura.</em><br />
<em>Suspiró.</em><br />
<em>-Vamos allá-.</em></p>
<p>Por Ricardo Garrido</p>
<p><a href="http://www.safecreative.org/work/1202231163021" rel="cc:license"><img src="http://resources.safecreative.org/work/1202231163021/label/standard-72" style="border:0;" alt="Safe Creative #1202231163021" /></a></p>
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		<title>El Linaje Perdido II</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 10:29:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Histórico]]></category>
		<category><![CDATA[Medieval]]></category>
		<category><![CDATA[medieval]]></category>

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		<description><![CDATA[CAPÍTULO II. EDDY Los golpes en la puerta sacaron de las garras del sueño a Nathaniel, que maldijo entre dientes al causante de los martillazos que retumbaban dentro de su cabeza. Por otro lado, respiró aliviado. Como cada noche, el pasado había vuelto para acosarlo. Como cada noche, se había vuelto a ver cometiendo los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=64&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>CAPÍTULO II. EDDY</em></p>
<p><em>Los golpes en la puerta sacaron de las garras del sueño a Nathaniel, que maldijo entre dientes al causante de los martillazos que retumbaban dentro de su cabeza. Por otro lado, respiró aliviado. Como cada noche, el pasado había vuelto para acosarlo. Como cada noche, se había vuelto a ver cometiendo los mismos errores. Daba igual cuanto huyera, o los nombres que adoptara en cada lugar, del pasado no se puede huir.</em></p>
<p><em>- ¡EDDY! – tronó una voz detrás de la puerta mientras lanzaba otra andanada de golpes contra la madera.</em></p>
<p><span id="more-64"></span></p>
<p><em>Entre el embotamiento producido por la resaca y las oleadas de dolor aportadas por los golpes, Nathaniel tardó unos segundos en recordar que él era Eddy. ´A ver si puede ser, que la próxima vez elijas un nombre mejor, héroe. Esta vez te has cubierto de gloria´.</em></p>
<p><em>- ¡EDDYYYYY!, despierta de una vez – la voz pertenecía a Jack, compañero de trabajo y borracheras. El otro despojo oficial del pueblo – Tenemos trabajo para hoy.</em></p>
<p><em>-Voy, Jack. Voy – masculló con las sienes palpitando de dolor – Dame un segundo.</em></p>
<p><em>Nathaniel se tomó un minuto para tratar de recuperar la capacidad psicomotriz suficiente para ponerse en pie y acercarse a un balde, con un agua que ya excedía en el número de usos recomendados para lavarse. ‘Tengo que cambiarla hoy sin falta’ pensó mientras se lavaba la cara. Cuando iba a enjuagarse la boca estaba lo suficientemente lúcido para posponer la higiene bucal para otro momento, sin duda no tardaría en encontrar algo mejor que agua turbia para hacerlo. Con un gesto despreocupado trató de colocar medianamente el caos que tenía por cabello y salió.</em></p>
<p><em>- Buenos días – saludó malhumorado a su amigo – Mañana podrías tratar de llamar más suave, ¿te parece?</em></p>
<p><em>- Lo siento, Eddy. Es que parecía que no me oías – Entre los atributos que alguien benevolente podría buscar para Jack no estaba el tener muchas luces, y desde que se conocieron había adoptado a Nathaniel, o Eddy como él creía que se llamaba, como jefe de su reducida pandilla de correrías, considerándolo un ídolo. Era Jack, el que la mayoría de las veces conseguía los trabajos con los que se mantenían los dos, y con los que se pagaban las borracheras – No te lo vas a creer Eddy. ¡Tenemos trabajo!</em></p>
<p><em>Nathaniel no pudo evitar tener un escalofrío de pensar qué tipo de trabajo les había conseguido Jack. El último fue trasladando excrementos, y tuvieron vetada la entrada en la taberna dos días seguidos debido al olor que les impregnaba hasta el alma. Durante otra temporada estuvieron trabajando en la curtiduría cercana. Eso, no solo les vetó la entrada a la taberna, sino que les dejó el olfato casi muerto durante una temporada. Habían cavado letrinas, enterrado muertos, y casi cualquier cosa que los demás no quisieran hacer.</em></p>
<p><em>- Eddy – la voz de Jack salía dubitativa, como si no supiera si debía continuar o no.</em></p>
<p><em>- ¿Si?</em></p>
<p><em>- No te enfades, ¿vale? – se veía que el pobre hombre estaba azorado – Quizás…</em></p>
<p><em>- Jack, ¿qué pasa? – a Nathaniel, que gustaba de ser franco y directo, le ponía de los nervios cuando su amigo se ponía en ese plan. Y la resaca no ayudaba – Sabes que me pone nervioso cuando haces esto.</em></p>
<p><em>- Lo siento, Eddy – ahora junto a la duda comenzaba a asomar la culpa, y Nathaniel se arrepintió automáticamente de haber dicho nada, no tanto por el malestar de su amigo, como por lo pesado que se podía llegar a poner los siguientes minutos. Solo de pensar en diez minutos seguidos de Jack disculpándose y con cara de perrillo apaleado se le antojaba insufrible. Decidió tomar la delantera y cortar el torrente de disculpas que comenzaban a salir por la boca de su compañero.</em></p>
<p><em>- Vale, Jack. Lo siento. Estoy un poco resacoso, y ya sabes cómo me levanto cuando nos hemos dado un buen homenaje la noche anterior, ¿eh? – La cara de Nathaniel era la vida imagen del arrepentimiento mientras hablaba – Dime lo que sea, no te preocupes. Para eso somos amigos, ¿no?</em></p>
<p><em>El rostro de Jack se iluminó al escuchar estas palabras. El pobre hombre nunca había tenido un amigo hasta la llegada de Nathaniel. Todo lo contrario. Había sido un paria en el lugar, y cada mención al vínculo que los unía o a cualquier actividad que realizaran juntos era un bálsamo para su alma atormentada. Cada día pasado junto a su amigo, trabajando con orines en la curtiduría, cada palada de excrementos, daba igual lo cansado o desagradable que fuera el trabajo, para él era un momento especial para disfrutar en compañía de su nuevo amigo. Por no hablar de las borracheras, donde “Eddy” bajaba ligeramente la guardia y le contaba historias de lugares lejanos y grandes guerreros. Entonces Jack podía vivir, a través de las palabras apenas inteligibles de su amigo, una vida que para él quedaba tan distante como la luna en el cielo.</em></p>
<p><em>Lo cierto es que Jack, a pesar de ser, posiblemente, la persona menos inteligente de la comarca, se había dado cuenta en seguida que detrás de Eddy se encontraba una persona excepcional, y estaba dispuesto a cuidar esa relación al coste que fuera.</em></p>
<p><em>- Tienes un aspecto muy malo, Eddy – dijo más lanzado Jack – Estás muy sucio, y tu olor es terrible. Podríamos ir al rio antes de presentarnos al trabajo.</em></p>
<p><em>- Claro que si, Jack – contestó riendo Nathaniel – Estoy hecho un desastre, la verdad – lo cierto es que llevaba la misma ropa desde hacía ya unos cuantos días, y decir que estaba sucio era un piropo.</em></p>
<p><em>El trayecto hasta el rio cercano a la aldea fue corto, y la mañana acompañaba con un tímido sol que aceleraría el secado de la ropa. Aún así el agua estaba helada, así que el baño no excedió ni un segundo más del necesario para conseguir eliminar la apariencia de pordiosero. Cuando terminaron de asearse, y mientras tiritaban esperando que la ropa hubiera dejado de chorrear, con la resaca ya en retirada, Nathaniel recordó que todavía no sabía cómo se ganaría hoy las pocas monedas que sabía que les darían a cambio de que se partieran la espalda a trabajar.</em></p>
<p><em>Para su desgracia, la jornada volvería a pasar en la curtiduría.</em></p>
<p><em>El viejo Willen, cada vez más cansado como para imponerse a sus hijos, casi prefería contratar a los dos borrachines para que se encargaran de las tareas más desagradables, que tener que lidiar en casa con esa pandilla de vagos. Además le gustaba tener a Eddy por allí, ya que era una de las pocas personas que se había atrevido a plantar cara a esos desgraciados que le llamaban padre. Desde el día en que, para defender a Jack, Eddy metió al mayor en una cuba de orín, los días en los que contrataba a la pareja de apoyo, sus hijos parecían hasta más centrados. A cambio de eso, dentro de que el salario era una miseria, no era de los peores que recibían.</em></p>
<p><em>Por la noche, tras una dura jornada, Willen les pagó su jornal y adicionalmente, les regaló una vasija de algo que aseguraba que él mismo destilaba en casa “para que entraran en calor cuando se lavaran en el rio”.</em></p>
<p><em>El baño nocturno, con la temperatura bajando y sin los rayos del sol, fue una tortura, y apenas consiguió eliminar el fuerte olor que llevaban adherido, aunque les sirvió de excusa para beberse el brebaje que preparaba el viejo.</em></p>
<p><em>Para cuando llegaron a la taberna, “la velada”, como les gustaba llamar al momento en el que todos los trabajadores a varias millas de distancia se acercaban a beber algo que les ayudara a terminar un largo día de trabajo, ya había comenzado, y la música estridente y las voces se escuchaban desde lejos.</em></p>
<p><em> El humor de Nathaniel se había ido amargando desde la salida del río, y llegar tarde a su momento sagrado del día acababa de rematarlo. La posada “El Duende Borracho” no tenía una gran cantidad de asientos, y a estas horas, los dos no tenían ni la más mínima oportunidad de conseguir uno.</em></p>
<p><em> Además, el fuerte olor a orines que despedían, les garantizaba un recibimiento hostil, eso si no hacía que les volvieran a echar de allí.</em></p>
<p><em>Cuando estaban ya casi en la puerta, amortiguado por el bullicio que provenía del interior, Nathaniel escuchó un grito ahogado proveniente del pequeño cobertizo adyacente a la taberna.</em></p>
<p><em>Automáticamente en su cabeza se encendió la señal de alarma. De ahí solo podía obtener problemas.</em></p>
<p><em>‘Nathaniel, entra ya. Has oído mal. Dentro te espera el calor de un buen fuego y el del líquido que ofrece Robson como si fuera cerveza’.</em></p>
<p><em>Esa parte de Nathaniel, práctica y cautelosa, se desesperó impotente al ver como su cuerpo ignoraba miserablemente el razonable consejo.</em></p>
<p><em>- Eddy, ¿a dónde vas?</em></p>
<p><em>Nathaniel ignoró a su compañero, cada vez más seguro de qué ocurría a pocos metros.</em></p>
<p><em>- ¿Eddy? &#8211; Jack, que no había oído nada, se quedó clavado en el sitio, observando cómo su amigo se dirigía hacía el lateral de la taberna.</em></p>
<p><em>Tardó unos segundos en llegar al cobertizo. En la oscuridad, se podían distinguir tres sombras que trataban de inmovilizar a una cuarta. Esta última, una mujer, era la que emitía los ruidos angustiados, en parte amortiguados por la mano de uno de los agresores en su intento de silenciarla.</em></p>
<p><em> Los dos hombres la tenían ya inmovilizada, y parte de sus ropas colgaban rasgadas. El tercero alternaba la vigilancia con el espectáculo que le brindaban sus compinches.</em></p>
<p><em>- ¡Eh! – el grito de Nathaniel dejó congeladas a las cuatro figuras, aunque la mujer reaccionó de inmediato con renovadas fuerzas en su intento de huir de allí.</em></p>
<p><em>Dado el giro que acababa de dar la situación, uno de los agresores la propinó un fuerte puñetazo en el estómago, que la hizo doblarse sobre si misma cayendo al suelo.</em></p>
<p><em>- Es Eddy, el borracho – la voz, aliviada, pertenecía a uno de los hijos de Willen.</em></p>
<p><em>– Así que el lerdo no andará muy lejos. ¿Por qué no te vas a tomar algo, Eddy? Aquí no hay nada para ti, salvo problemas. Toma, la primera la pago yo – terminó lanzando una moneda al aire que cayó junto a Nathaniel – Ahora, largo.</em></p>
<p><em>Los otros dos, con la chica en el suelo tratando de recuperar el aire, se volvieron hacía el causante de la interrupción con aire amenazador. Las sombras no permitían distinguir sus rostros, pero sí el movimiento de uno de ellos cogiendo algún tipo de objeto contundente.</em></p>
<p><em>Otro día, quizás Nathaniel se hubiera sentido inclinado a no buscar problemas, y no hubiera acudido a comprobar los ruidos al llegar, o de haberlo hecho, quizás hubiera recogido avergonzado la moneda y hubiera desaparecido en busca de algo con lo que tapar otra capa de culpa en su alma, o más probable todavía: otro día cualquiera, él ya hubiera estado dentro, emborrachándose y ajeno a cuanto permaneciera fuera de su jarra.</em></p>
<p><em>Pero esa noche, no. Estaba helado tras el baño en el rio, baño que ni siquiera había servido para eliminar la peste que despedía y que sabía que le acompañaría un par de días fácilmente. Estaba enfadado por haberse quedado sin un buen sitio junto a la chimenea donde poder calentarse mientras se bebía el jornal del día. Y para colmo, un inútil que no servía ni para manipular orines, le trataba de esa manera. El alcohol que Willen le había proporcionado poco antes, se encargaba de silenciar la parte de él que le gritaba advirtiéndole cuánto ponía en peligro.</em></p>
<p><em>Quizás hubo más factores para explicar lo que sucedió a continuación. Su desprecio hacia el tipo de hombre en que se había convertido. Los meses en ese pueblo, durante los cuales se había ido ganando a pulso el desprecio de todos menos de Jack. El llanto, mezcla de dolor, miedo y vergüenza que provenía de la chica…</em></p>
<p><em>Quizás solo lo hizo porque podía. Porque aunque aquí nadie lo supiera, él era Nathaniel Edgarson, el guerrero, por encima de Eddy, el borracho.</em></p>
<p><em>Ni siquiera él mismo lo sabría.</em></p>
<p><em>Al hacer el movimiento de ir a recoger la moneda del suelo, lo que recogió en realidad fue un canto manchado de barro. Al instante, lanzó el proyectil, que impactó con un ruido siniestro en la frente del hijo del curtidor, que se desplomó redondo.</em></p>
<p><em>Los otros dos se quedaron de piedra. No eran de aquí, y en apenas un minuto, la situación se había complicado demasiado.</em></p>
<p><em>Tras un breve instante de duda, el hombre del palo se abalanzó sobre Nathaniel y lanzó un golpe lateral intentando partirle la cabeza con su improvisado garrote. Un golpe así debería haber bastado contra un campesino, pero para Nathaniel la reacción fue tan natural como el respirar: aguantar hasta el momento adecuado, avanzar un paso y lanzar un golpe con todas sus fuerzas contra el codo del brazo que esgrimía el palo. El crujido de la articulación al partirse se escuchó perfectamente en el silencio de la noche, incluso imponiéndose al ruido que provenía de la taberna. Aun así, la inercia del brazo hizo su trabajo y el garrote impactó con violencia contra uno de los omóplatos de Nathaniel, dejándole tirado en el suelo junto al gimoteante agresor, que se sujetaba el brazo que colgaba laxo.</em></p>
<p><em>Justo cuando el tercer agresor comenzaba a reaccionar, tanto Jack como la chica, comenzaron a gritar a pleno pulmón. En el silencio de la noche, ambos gritos retumbaron por toda la aldea, y el jolgorio que salía de la taberna cesó de golpe.</em></p>
<p><em>En cuanto se percató de ello, el hombre se dio cuenta de que le quedaban pocos segundos antes de acabar metido en el mayor problema de su vida. Una turba de pueblerinos borrachos podía reaccionar de forma muy impredecible en una situación así. No lo dudó un segundo, y sin dedicar una mirada a sus compañeros caídos, echó a correr como alma que lleva el diablo en dirección al bosque.</em></p>
<p><em>Dentro, en mitad del fragor de la batalla, que suponía mantener la barra en constante movimiento para aplacar la sed de tanta gente, Rob Robson, antiguo lancero y actual dueño de la taberna, maldecía a Lesly por tardar tanto.</em></p>
<p><em>Hacía ya un rato que había salido al almacén a buscar un barril de cerveza con uno de sus hijos, y no volvían. El nivel del último barril que le quedaba bajaba peligrosamente y Robson sabía muy bien que podía llegar a pasar si se dejaba de alimentar a la enorme bestia en la que se habían convertido los parroquianos. Todos y cada uno ellos, durante el día eran hombres respetables y trabajadores, o casi todos, pero cuando se juntaban y comenzaba a correr la bebida…</em></p>
<p><em>‘Como se estén dando otro revolcón y yo me quede aquí sin bebida, esta vez la vamos a tener, y gorda’, se prometió el hombretón, malhumorado.</em></p>
<p><em>Apenas si había terminado de pasar ese pensamiento por su cabeza cuando escuchó el primer grito. Inmediatamente después se unió otro grito, este de un hombre y lo suficientemente fuerte como para que toda la sala quedara en silencio. Un segundo después, la bestia, con un Rob Robson descompuesto por el miedo por lo que le pudiera haber pasado a su hijo, se puso en marcha.</em></p>
<p><em>La escena que se encontraron fuera de la taberna les dejó paralizados momentáneamente. Jack gritaba como un poseso tirándose de los cabellos con una mano, mientras con la otra señalaba hacia el lugar de la pelea. A pocos metros, Eddy y un desconocido yacían en el suelo, aparentemente heridos. Y junto al cobertizo, una figura estaba tirada en el suelo a un metro escaso de una Lesly medio desnuda que también gritaba histérica.</em></p>
<p><em>- ¡Robby! – el grito del posadero al echar a correr hacia la figura tendida puso en marcha a los lugareños.</em></p>
<p><em>Todavía no se sabía muy bien que había ocurrido, pero lo que estaba claro es que alguien iba a pagarlo.</em></p>
<p><em>A Nathaniel no le dio tiempo ni a abrir la boca al ver que la gente se le echaba encima. Un instante después, recibió un golpe en la sien, y la oscuridad se lo llevó. Al otro lado le esperaban sus fantasmas. Da igual lo que hagas, del pasado no se puede huir.</em></p>
<p>       Por Fernando Bendicho</p>
<p><a href="http://www.safecreative.org/work/1202231161348" rel="cc:license"><img src="http://resources.safecreative.org/work/1202231161348/label/standard-72" style="border:0;" alt="Safe Creative #1202231161348" /></a></p>
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		<title>Cambios en el aspecto</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 12:15:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Durante estos primeros días de vida del blog, ya sois unos cuantos los que os habéis pasado a compartir un rato de vuestro tiempo con nosotros. Algunos habéis dejado vuestros comentarios en los relatos; otros nos habéis dejado alguna crítica constructiva en privado (y os aseguro que muy bien recibida) acerca de ciertos aspectos que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=60&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante estos primeros días de vida del blog, ya sois unos cuantos los que os habéis pasado a compartir un rato de vuestro tiempo con nosotros.</p>
<p><span id="more-60"></span></p>
<p>Algunos habéis dejado vuestros comentarios en los relatos; otros nos habéis dejado alguna crítica constructiva en privado (y os aseguro que muy bien recibida) acerca de ciertos aspectos que no os ha agradado del estilo, puntuación, … ; y también hemos recibido alguna sugerencia acerca del diseño del blog, ya que algunos encontrabais que un fondo oscuro con letras blancas os cargaba más la vista que a la inversa.</p>
<p>Este blog lo hemos ideado para difundir nuestros relatos, para que tengáis acceso a nuestros pensamientos, es decir,  lo hemos creado para vosotros. Creemos que con este nuevo diseño quizás la vista sufrirá menos. Esperamos que el cambio sea de vuestro agrado, y por supuesto seguimos abiertos a cualquier sugerencia que queráis hacer. Un abrazo.</p>
<p>Fernando B. y Ricardo G.</p>
<br />Filed under: <a href='http://relatosdesdevalheim.wordpress.com/category/blog/'>Blog</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/relatosdesdevalheim.wordpress.com/60/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=60&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>Sangre de Dragón III</title>
		<link>http://relatosdesdevalheim.wordpress.com/2012/02/02/sangre-de-dragon-iii/</link>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 09:57:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasia]]></category>
		<category><![CDATA[Rol]]></category>
		<category><![CDATA[fantasía]]></category>
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		<description><![CDATA[CAPÍTULO II. EL PESAR DE LA TROVADORA.  -¡Jajajajaja!- la risa de Alina Shelton resonó en la noche lluviosa como si de un trueno se tratara-¿me estás diciendo que un dragón se cepilló a una casta doncella bárbara, y que hay por ahí un bastardo fruto de aquel momento?, jajajaja, ¿pero quien va a creerse esa [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=51&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>CAPÍTULO II. EL PESAR DE LA TROVADORA.</em></p>
<p><em> </em><em>-¡Jajajajaja!- la risa de Alina Shelton resonó en la noche lluviosa como si de un trueno se tratara-¿me estás diciendo que un dragón se cepilló a una casta doncella bárbara, y que hay por ahí un bastardo fruto de aquel momento?, jajajaja, ¿pero quien va a creerse esa estupidez, hombre?, Jajajajaja-.</em></p>
<p><em>&lt;&lt;Que mujer más horrible&gt;&gt;pensó Lomar.</em></p>
<p><em>Todos los presentes miraron al viajero, esperando que su reacción fuera de enfado, que se levantará de la recia silla de madera y saliera de la posada, cabizbajo, lleno de vergüenza, de vuelta a la tormenta de la que había salido en medio de la noche.</em></p>
<p><em>Todos volverían entonces a sus lóbregos pensamientos. Regresarían a sus hogares como cada noche. Dormirían, para levantarse al día siguiente y descubrir que el nuevo día les depararía lo mismo que el anterior, y que el anterior y que el anterior a ese…</em></p>
<p><em>Pero el forastero no se levantó. No se enfadó, ni sintió vergüenza alguna. Sonrió levemente ante el ofensivo comentario de Alina y dio una profunda calada a su pipa labrada.</em></p>
<p><em>-Es justo lo que he dicho milady. Y no era ningún bastardo. Yo combatí junto él, sangré con él, bebí con él…</em></p>
<p><span id="more-51"></span></p>
<p><em>-Eso último si que me lo creo- respondió Alina maliciosamente</em></p>
<p><em>-Alina, cállate -la reprendió el capitán Wilson-no la tengas en cuenta, amigo. Continúa…</em></p>
<p><em>El viajero centró la vista en la puerta de la posada. Miraba sin ver. Cerró los ojos y su mente voló a algún lugar lejano y fantástico. Su voz fluyó, fuerte, profunda, como un río procedente de la torrentera de un glaciar…</em></p>
<p><em>Y recordó…</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>&lt;&lt;Canto de los Dioses, capital de Hazaria, treinta años atrás…</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em><strong> </strong></em></p>
<p><em>Si las cosas hubiesen sido de otra manera, aquel denso aguacero no hubiera pasado de ser otra típica tormenta otoñal, con fuertes ráfagas de viento que agitaban las copas de los árboles.</em></p>
<p><em> Sin embargo, en el funeral del príncipe Náron, el Bienamado del pueblo de Hazaria, parecía que los mismos dioses derramaban desconsoladas lágrimas sobre el mundo de los mortales.</em></p>
<p><em>Seis alabarderos reales custodiaban las angarillas en las que difunto príncipe  parecía dormir, ataviado con su dorada armadura de batalla, con el yelmo bajo las manos, que los sacerdotes habían colocado cruzadas sobre el pecho. A sus pies se había depositado su escudo con el emblema de la casa del Rey, dos  círculos concéntricos en plata sobre campo de sable. Bajo aquél, descansaba la legendaria espada del príncipe, Tronadora, arma que se había hecho famosa en las manos del joven infante y a la que los caballeros allegados a Náron atribuían propiedades mágicas.</em></p>
<p><em>En primera fila, frente al cuerpo del príncipe, se sentaba la Familia Real, el rey Dar,  que parecía envejecido tras la tragedia; la reina, Liriam,  que se  lamentaba entre llantos; y el hermano menor de Náron, Volkar, quien, abrazado a su madre, gemía de profundo dolor. Detrás de la regia familia se encontraba el resto de la nobleza. En pie, guardando un respetuoso y sepulcral silencio.</em></p>
<p><em>Aunque toda Hazaria lloraba la muerte del heredero del trono, en la Colina de Fuego, lugar ancestral de reposo de los muertos pertenecientes a la familia real, no había cabida para una multitud numerosa, así que, conforme a la tradición, no asistía el pueblo llano sino los representantes de las familias, nobles, reputados caballeros, altos funcionarios y unos pocos privilegiados que mantenían una estrecha relación con la realeza.</em></p>
<p><em>Tal era el caso de la trovadora Caitlín Sumar. Caitlín, la portadora de relatos, cantante de historias, se encontraba en un lugar discreto entre la gente, con la mirada fija en el fallecido príncipe y sin poder refrenar el torrente de lágrimas que le resbalaba por el rostro y que se mezclaba con la lluvia.</em></p>
<p><em>Durante un momento, un rayo iluminó el cielo plomizo y, segundos después, le siguió un trueno, que hizo temblar las Torres Cónicas, la majestuosa construcción de mármol blanco, símbolo de la capital de Hazaria, Canto de los Dioses.</em></p>
<p><em>La mujer vio como Gaunder, máximo representante de la iglesia de Loth el Creador, esparcía agua bendita sobre el cadáver y musitaba una plegaria para que el príncipe viajase seguro junto al dios y pudiese disfrutar de una vida pacífica en el otro mundo. Después, el sacerdote se dirigió a los reunidos. Vestido con una espléndida túnica púrpura, ribeteada con fino hilo de oro, el gran patriarca ofrecía un aspecto imponente.</em></p>
<p><em>Casi aterrador.</em></p>
<p><em>Comenzó un sermón que ensalzaba las hazañas del desaparecido príncipe, de su personalidad generosa y afable y de cómo Loth cuidaría de él en la otra vida, recompensando los actos que había llevado a cabo mientras estuvo entre los mortales. Caitlín, como narradora de historias, se dio perfecta cuenta del tono grandilocuente con el que se expresaba Gaunder, los exagerados gestos de sus manos, a la manera típica entre los sacerdotes, tratando de revestir sus palabras de una divinidad que pretendía acercar a los hombres la voz  de su dios, aunque sin mucha originalidad.</em></p>
<p><em>Pensó que Náron hubiese merecido una despedida más poética, digna de un príncipe, de su destreza en la batalla, de su bondad.</em></p>
<p><em>El pensamiento de la mujer voló al pasado, a los días que el príncipe y ella  recorrían los caminos de Hazaria en busca de aventuras, persiguiendo  bandidos y explorando los bosques, haciéndose pasar por forasteros sin nombre para no comprometer a la familia real a la que Náron pertenecía.</em></p>
<p><em>Se conocieron dos años atrás y desde entonces habían sido inseparables.</em></p>
<p><em>Náron, fascinado con la alegría que despedía la trovadora y con sus épicos cantares, y en tanto Caitlín se alegraba de viajar en compañía de un príncipe que no engordaba sentado en un trono mientras su pueblo le necesitaba. Así, sin darse apenas cuenta, unieron sus espadas y sus corazones a lo largo de los caminos del reino.</em></p>
<p><em>Náron prometió casarse con Caitlín, tener hijos fuertes y gobernar Hazaria  con justicia, pese a que la trovadora no tenía sangre noble y que la reina se escandalizaría y trataría de impedirlo. Náron prometió que si no podía desposarla, lo abandonaría todo para recorrer el mundo con ella. Caitlín sabía que él era sincero, que sus almas estaban sólidamente unidas, cualquiera  fuese el futuro que les esperase.</em></p>
<p><em>Como en un sueño.</em></p>
<p><em>Como en las canciones que interpretaba la mujer de aldea en aldea.</em></p>
<p><em>Pero la canción de Caitlín y el príncipe había terminado de forma apresurada y para siempre. Náron fue asesinado mientras dormía en Torrealba, el  castillo real. Una puñalada certera se lo había llevado de forma tan  fulminante como absurda.</em></p>
<p><em>Los hombres del rey no habían conseguido saber quien fue el asesino ni  tenían pista fiable alguna. Y ahora, sin un motivo aparente, el joven príncipe yacía, frío y muerto, en unas angarillas ante los presentes.</em></p>
<p><em>Gaunder había terminado con su diatriba y los alabarderos se disponían a incinerar el cuerpo de Náron. Caitlín comenzó a avanzar hacia su yaciente amor, abriéndose paso a empellones entre el gentío. No podía irse así; la mujer lo sentía.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>&#8220;Si tienes que partir, llévame contigo, amor,</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>¿Es que no temes caminar en soledad?</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Yo te ayudaré a cargar tus desvelos, tu temor,</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Como vela te guiaré en la negra oscuridad…</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Un caballero protestó al ser desplazado por Caitlín, pero ella no escuchaba.  Sólo cantaba con hipnótica concentración aquella vieja tonada de enamorados. Ya no se casaría nunca con Náron. Ya nunca tendrían hijos ni  viajarían de camino en camino,  de posada en posada.</em></p>
<p><em>Como despierta el condenado a morir en la horca de un hermoso sueño en el que es libre, la trovadora abrió los ojos en un mundo terrible donde no había lugar para ninguna esperanza. Sólo sueños que se escapaban como niebla entre los dedos.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Si tienes que partir, deja que comparta tu camino,</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Estoy preparada para olvidar también mi pasado,</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Mi hogar, los míos, todo para ir contigo;</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Que no quiero otra cosa que estar a tu lado.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Caitlín consiguió llegar cerca de su amado. Visto de cerca, parecía dormir,  embargado por una enorme preocupación. Violáceas ojeras rodeaban sus  ojos. Náron no merecía sufrir. Había sido un buen hombre. No merecía morir. Un alabardero se adelantó hacia ella cortándole el paso. Gritaba algo, aunque la mujer nunca supo qué era.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Ahora que te has marchado, amor,</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Prometo esperar por ti.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Recuerda siempre mi voz…</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>La trovadora calló. Sintió que cuando acabase la canción, su amado se habría marchado definitivamente. La reina la miraba emocionada, como si  por fin hubiese entendido su secreto. Sólo una mujer lo hubiese comprendido. A ella, al fin y al cabo una madre desconsolada, dedicó el final.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>…Si tienes que partir.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>El asta de la alabarda le golpeó con violencia en la sien y el mundo se volvió negro.</em></p>
<p><em>Aún más.</em></p>
<p><em> </em><em>*      *     *       </em></p>
<p><em> </em><em>Aquella misma mañana, mientras toda Hazaria lloraba la muerte del heredero, un solitario guerrero atravesaba las murallas de la ciudad.</em></p>
<p><em>Sus ojos eran azules, tan intensos como el hielo de las milenarias cavernas de los glaciares del Norte, la pupila, rasgada como la de los reptiles.</em></p>
<p><em>De haber lucido el sol en aquel aciago día, la luz del astro rey, habría revelado la suave tonalidad azulada de su piel. Apenas un destello. Apenas perceptible.</em></p>
<p><em>Solo las Nornas, Tejedoras del Destino, sabían que la senda de Caitlín Sumar y la de aquel guerrero se entrelazarían para siempre.</em></p>
<p><em>Se llamaba Halfdan Vanirson. Y era el hijo de un dragón…&gt;&gt;</em></p>
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		<item>
		<title>El Linaje Perdido I.</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 10:47:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Histórico]]></category>
		<category><![CDATA[medieval]]></category>

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		<description><![CDATA[Es increíble como un personaje puede dar mil vueltas y, aunque inicialmente vayas a introducirlo de una manera concreta en un relato, luego puede aparecer en una historia totalmente diferente. Fernando creó a Nathaniel orientándolo de una manera distinta a la de este relato. Cuando lo leí hace unos días me dejó de priedra. Es una historia simplemente [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=41&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es increíble como un personaje puede dar mil vueltas y, aunque inicialmente vayas a introducirlo de una manera concreta en un relato, luego puede aparecer en una historia totalmente diferente. Fernando creó a Nathaniel orientándolo de una manera distinta a la de este relato. Cuando lo leí hace unos días me dejó de priedra. Es una historia simplemente maravillosa, con un personaje increible envuelto en una historia grandiosa.</p>
<p>Os animo a que sigáis la historia de Nathaniel Edgarson. Os aseguro que no os dejará indeferente. Mis más sinceras felicitaciones, amigo mio,  por crear este personaje tan magnífico.</p>
<p><em>CAPÍTULO I. NATHANIEL.</em></p>
<p><em>El cuerpo le dolía como si le hubieran dado una buena paliza la pasada noche. Quién sabe, quizás sí que se la hubieran pegado. Tampoco sería la primera vez. De todas maneras todos los dolores quedaban ensombrecidos por el palpitar que retumbaba en su cabeza. Hizo un intento por abrir los ojos pero volvió a cerrarlos, la luz de la mañana le quemaba dentro de la cabeza como metal fundido.</em></p>
<p><em>‘¿En qué te has convertido, héroe?’ El pensamiento fue como un latigazo asestado en su alma.</em></p>
<p><em>Pasaron los minutos mientras Nathaniel trataba de encontrar fuerzas para afrontar el reto de volver a abrir los párpados, y después, quizás, incluso ponerse en pie y tratar de regresar al agujero infecto al que llamaba actualmente su hogar. Una vez más, y por millonésima vez se maldijo por haberse permitido caer tan bajo. Lentamente, como si de un mal sueño se tratara, las imágenes de la noche anterior fueron aflorando a su mente. O quizás fueran recuerdos de otras noches…, tampoco es que hubiera  mucha diferencia.</em></p>
<p><span id="more-41"></span></p>
<p><em>‘A ver, borracho. Hora de volver a “casa”, ponte en movimiento’ . Otro latigazo. De unos años a este tiempo el auto castigo se había convertido en uno de los deportes preferidos de Nathaniel, aunque siempre situado por detrás de vaciar vasos en cualquier taberna de mala muerte.</em></p>
<p><em>Con cuidado movió la mano, metiéndola en un charco que había junto a ella. Por como olía a su alrededor decidió que prefería no saber que contenía. Tampoco retiró la mano, la hora de la dignidad y los escrúpulos había pasado de largo hacía rato. Intentó de nuevo abrir los ojos, con idéntico resultado que unos minutos antes. Su maltrecho cerebro protestó enviando una nueva oleada de dolor salvaje. Durante lo que pudo ser una eternidad fue retomando el control  de su cuerpo, obligándose a poner en movimiento sus magullados músculos, mientras perdía la batalla contra la resaca. En lo que duró este proceso, ninguna de las personas que pasaron cerca de donde se encontraba tirado hizo el menor ademán de acercarse a ayudarle, o a comprobar su estado. Todos conocían al buen Nathaniel, pero también al borracho Nathaniel, y al sucio y maloliente Nathaniel, aunque por otro nombre. Tampoco le importó. Hace tiempo que se había acostumbrado al desprecio que levantaba.</em></p>
<p><em>El trayecto hasta su cuartucho fue lento y penoso. Para cuando llegó se encontraba totalmente agotado y se limitó a dejarse caer en el sucio colchón. A su alrededor se acumulaban los restos abandonados de una vida anterior conviviendo con la basura y desechos que iba produciendo en la actual. En una de las paredes, el retrato de un hombre de mirada seria y apariencia poderosa observó como su hijo bajaba otro peldaño hacia su infierno personal. Durante unos segundos la mirada de ambos se cruzó, hasta que Nathaniel acabó por bajarla, avergonzado. ´Que te jodan, padre. No eres quién para juzgarme´. El haber vuelto a perder el duelo de voluntades contra el recuerdo de su padre no hizo sino empeorar su ya de por si sombrío humor de borracho, y Nathaniel no dudó en tratar de tomarse la revancha lanzando contra el retrato el objeto que encontró más cerca de su alcance, un plato con los restos de algo que en algún momento fue comida, y que ahora descansaba abandonado en el suelo. Entre la resaca y el esfuerzo que había supuesto regresar a casa no tuvo fuerzas ni para llegar hasta la pared, consiguiendo únicamente derramar los restos por la habitación. Cerró los ojos enfurecido y frustrado, tratando de calmarse. A los pocos segundos entreabrió los parpados y habría jurado que el rostro de la pared se reía descaradamente de él. Volvió a cerrar los ojos con fuerza, y esta vez se obligó a permanecer así hasta que el sueño acudió a su rescate.</em></p>
<p><em>&lt;&lt; &#8211; ¡Mi Señor! – Nathaniel notó enseguida la excitación del guardia cuando este irrumpió en la sala. Aún así su padre no apartó la vista de la chimenea, donde un enorme tronco se consumía lentamente, ni interrumpió las caricias distraídas que regalaba a uno de sus enormes mastines.</em></p>
<p><em>Durante unos largos instantes la escena quedó como congelada en el tiempo, con el crepitar del fuego como único ruido de fondo.</em></p>
<p><em>- Ryan – la voz del noble era calmada, aunque no por ello imponía menos respeto – ¿Puede ser que alguno de mis guardias, por no hablar del capitán de la misma, no sepa lo que pienso de la irrupciones en mi salón sin pedir permiso?</em></p>
<p><em>El rostro del guardia quedó completamente lívido al darse cuenta de que, en su premura, se había saltado una de las docenas de normas con las que su señor gobernaba su castillo. Inmediatamente, como si la mezcla de tensión, nerviosismo y miedo los hubiera activado, los tres mastines que se encontraban en el salón se pusieron en pie. De la garganta de Duke, el mayor de ellos, salía un gruñido que lentamente iba in crescendo.</em></p>
<p><em>- Duke, silencio. Estoy convencido de que esta interrupción tiene una explicación – el tono del ealdorman no había cambiado lo más mínimo, pero los enormes perros quedaron clavados en el sitio sin emitir el menor ruido.</em></p>
<p><em>Nathaniel hizo el mayor de los esfuerzos de fundirse con el entorno, hipnotizado por la escena que se desarrollaba ante él. En su interior se mezclaban sentimientos tan distintos como la admiración hacia su padre, capaz de doblegar con tan solo su presencia y su voz al más poderoso de los guerreros de la comarca, y vergüenza y rabia por tener que asistir a la humillación de tan leal soldado. Ryan no solo hacía las funciones de lugarteniente de su padre, también era el tutor del chico, y entre ellos existía una relación especial.</em></p>
<p><em>Pasaron los segundos mientras Ryan trataba de tranquilizarse y reorganizar sus pensamientos. Sabía de sobra que era mejor hacer esperar un segundo más a su ealdorman y darle las novedades correctamente, que volverse a dejar controlar por la urgencia y cometer otro error que le pusiera en el punto mira de Lord Edgar. A pocos pasos, los tres mastines comenzaban a erizar el lomo, señal inequívoca de que la tensión comenzaba a hacer mella en ellos. Ryan sabía que los animales jamás atacarían sin permiso de su dueño, pero si despertaba la ira de su volátil señor…</em></p>
<p><em>- ¿Y bien?</em></p>
<p><em>- Mi señor – comenzó el veterano guerrero adoptando la postura más rígida y marcial posible – Ha habido un levantamiento campesino. Ha muerto el recaudador y los dos guardias que le acompañaban.</em></p>
<p><em>- ¿La recaudación? – el tono de Lord Edgar seguía sin dar el menor síntoma de emoción, aunque Ryan sabía que la tormenta comenzaba a desatarse en la cabeza del lord. Duke parecía a punto de saltar.</em></p>
<p><em>- Perdida, mi señor.</em></p>
<p><em>Pasaron largos instantes en los que solo el fuego tuvo el valor de hacerse oír. Durante ese corto espacio de tiempo, el capitán supo que su anterior falta de protocolo sería obviada por el momento, aunque no dudaba que posteriormente le sería recordada. Nathaniel, que conocía el carácter de su padre suspiró interiormente de alivio, el peligro había pasado para su amigo. En la cara iluminada parcialmente por el fuego del noble se podía apreciar perfectamente como algo había comenzado a fraguarse, ajeno totalmente a cuantos estaban en la sala. Lord Edgar no había llegado a ser earldorman de esas tierras por su tibieza a la hora de hacer cumplir la ley del rey, ni la suya. Unos minutos después se volvió hacía su lugarteniente.</em></p>
<p><em>- Mis hombres muertos, la recaudación perdida, y parte del campesinado sublevado – a pesar de que el tono de voz del noble no había cambiado ni lo más mínimo, parecía como si su humor hubiera mejorado tras asimilar las malas noticias &#8211; ¿Sabemos que exigen nuestros levantiscos sirvientes?</em></p>
<p><em>- Han mandado un grupo de emisarios, mi señor. Exigen hablar con usted en persona.</em></p>
<p><em>- ¿Así que exigen hablar con su señor? – el rostro de Edgar no mostraba ni el menor atisbo de emoción, aunque en sus ojos ardía un fuego salvaje que amenazaba con quemarlo todo &#8211; ¿Qué puede hacer un viejo earldorman ante una demanda como esa sino plegarse, Ryan?</em></p>
<p><em>En ese mismo instante Duke no pudo más y lanzó una dentellada al mastín más cercano, que a pesar de su agilidad no pudo evitar ser marcado. Este a su vez sacó los dientes poniéndose a la defensiva. El tercer perro se unió al concierto de gruñidos alternando la mirada entre cuantos podía considerar como un objetivo en un momento dado.</em></p>
<p><em>- ¡BASTA! – por primera vez la voz del noble subió de tono, y eso bastó para templar los ánimos de sus mascotas. Una de las primeras cosas que se aprendía cuando se vivía en ese lugar es a temer al amo cuando subía el tono. Los tres canes, se dejaron caer sobre sus vientres, aunque el pelaje y sus ojos denotaban su estado frenético – Adele, querida, quizás sería este un buen momento para que nos dejarais. Quizás el escaldo que nos amenizó ayer noche la cena pueda daros una actuación extra arriba.</em></p>
<p><em>- Por supuesto, mi señor – la voz de la esposa del earldorman apenas fue audible – Sin duda el buen Cedric podrá deleitarnos con los juegos malabares que tanto divirtieron ayer a Nathaniel, ¿no es así, hijo?</em></p>
<p><em>- No – la respuesta de su marido, cortante, la dejó paralizada cuando tendía ya la mano hacía el niño – Nathaniel se queda aquí. Hoy aprenderá una valiosa lección que necesitará si quiere ocupar mi lugar algún día, y durar en él.</em></p>
<p><em>- ¿Mi señor? – la mujer parecía a punto de romper a llorar, años de matrimonio le habían enseñado que sin duda alguna la lección que iba a ser impartida traería consigo sangre – Quizás esas lecciones puedan esperar a que Nathan sea algo mayor, todavía no es más que un chiquillo.</em></p>
<p><em>- ¿Nathaniel, eres un chiquillo? – la pregunta hizo que el niño diera un respingo &#8211; ¿Dónde está tu sitio? ¿Con las mujeres viendo a un hombre vestido con mallas de colores saltar y cantar, o con los hombres, aprendiendo a convertirte en un guerrero?</em></p>
<p><em>- Con los hombres, padre – contestó Nathaniel con voz temblorosa.</em></p>
<p><em>- No pareces muy convencido. Te tiembla la voz. Quizás tu madre tenga razón, y estés más preparado para ayudar a las mujeres en su trabajo que para dirigir el día de mañana estas tierras – la voz de Lord Edgar seguía sin cambiar de tono, aunque de alguna manera conseguía que cada frase saliera impregnada del sentimiento que él deseaba darle. En esta ocasión Nathaniel no dudó que si fallaba, se ganaría el desprecio de su padre para siempre.</em></p>
<p><em>- Mi lugar está junto a vos y los hombres, padre – contestó con una firmeza que no sentía – No le defraudaré.</em></p>
<p><em>Esta última frase y la valentía que había mostrado su hijo arrancaron una sonrisa al caballero. Por un lado su hijo comenzaba a mostrar cualidades que él valoraba en los hombres, por otro acababa de arrancárselo definitivamente de las garras a su madre, que hacía cuanto podía por protegerlo, ablandándolo. El dolor que se dibujó en los ojos de su esposa cuando se dio cuenta de esto fue la guinda del pastel. Ya casi había llegado a la puerta junto a sus dos sirvientas cuando la llamó:</em></p>
<p><em>- Adele, querida. ¿Podría pedirte una última cosa antes de irte? – A pesar de lo afable de sus palabras la frase exudaba veneno – Ya que nuestro hijo ha decidido convertirse en hombre… llámalo por su nombre. Se llama Nathaniel Edgarson. Nathaniel, querida. No Nathan, ni Nat, ni ningún otro diminutivo. Él será un día dueño y señor de estas tierras y cuanto habita en ellas, comencemos a tratarle como lo que esperamos que sea.</em></p>
<p><em>- Por supuesto, mi señor – ahora la mujer ya no tenía ninguna duda de las dimensiones de la derrota que acababa de sufrir – No volverá a ocurrir – dijo conteniendo las lágrimas mientras salía de la instancia sin mirar atrás.</em></p>
<p><em>En ese momento, mientras Nathaniel observaba a su madre salir abatida y los ojos de su padre brillando de cruel victoria, supo que había tomado un camino sin retorno.&gt;&gt;</em></p>
<p>Por Fernando Bendicho.</p>
<p>&nbsp;<br />
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		<title>Sangre de Dragón II</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 17:24:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[CAPITULO I. LA NUEVA ESTIRPE. Valheim, cerca del fiordo de Nóstar, ciento veinte años atrás… El viento del norte descendió sin piedad desde la colosal masa de hielo, augurando un invierno temprano, frío y sombrío. Como no podía ser de otro modo en Valheim .Barrió la tundra sin detenerse ante nada ni ante nadie. Ni [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=28&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>CAPITULO I. LA NUEVA ESTIRPE.</em></p>
<p><em>Valheim, cerca del fiordo de Nóstar, ciento veinte años atrás…</em></p>
<p><em>El viento del norte descendió sin piedad desde la colosal masa de hielo, augurando un invierno temprano, frío y sombrío. Como no podía ser de otro modo en Valheim .Barrió la tundra sin detenerse ante nada ni ante nadie. Ni siquiera ante él. El gélido mordisco le hizo entornar los ojos y estremecerse, pues ningún ser, alto o bajo, fuerte o débil, esclavo o rey, podía quedarse indiferente cuando le golpeaba el viento procedente del Glaciar de Varek. La roca, un peñasco de más de una tonelada, estalló en sus garras con una facilidad pasmosa. El odio invadió su cuerpo desde el hocico, repleto de enormes colmillos hasta la cola, larga y sinuosa. Pero fue un impulso momentáneo, un sentimiento primigenio que anidaba en todos los dragones, vestigio de una era perdida en los anales del tiempo.</em></p>
<p><em>El sentimiento de furia fue rápidamente reemplazado por una calma peligrosa, por una malévola astucia que surgía de lo más profundo de su ser.</em></p>
<p><em>Los ojos reptilianos de la criatura se entrecerraron y en su rostro se dibujó una grotesca mueca que algunos hubieran catalogado como una sonrisa, si es que los dragones podían hacer tal cosa.</em></p>
<p><em>La vista sobrehumana del coloso se agudizó y entonces distinguió con claridad a la columna de humanos que atravesaban los últimos kilómetros de tundra.</em></p>
<p><em>Eran nórdicos, un grupo numeroso, compuesto por al menos veinte cazadores.</em></p>
<p><em><span id="more-28"></span></em></p>
<p><em>El polvo de nieve que levantaban al caminar por la fría tundra los rodeaba como una nebulosa blanca y parda, en constante movimiento. Los hombres del norte. Grandes guerreros y excelentes marinos.</em></p>
<p><em>Para la mayoría de los pueblos del sur, los nórdicos eran todos rubios o pelirrojos, con los ojos  de colores claros, pero la verdad es que había de todo. Sí superaban la media de estatura del resto de humanos y también eran más corpulentos.</em></p>
<p><em>Ávorlax trazó mentalmente la posible dirección del grupo y vio que pasarían relativamente cerca de su guarida.</em></p>
<p><em>Tenía setecientos años y hacía ya dos siglos que era el señor supremo de todo Valheim, las tierras del Norte, una región de profundos fiordos, frondosos bosques, montañas altas y majestuosas en cuyas cumbres jamás desaparecía la nieve y colosales glaciares que se extendían durante cientos y cientos de kilómetros hasta más allá de donde alcazaba la vista. Un buen sitio para vivir.</em></p>
<p><em>Era difícil que alguien en aquel grupo de mugrientos humanos descubriera su amada guarida. Era difícil, pero no imposible. Su cubil se hallaba escondido en el interior de una montaña  que él mismo había horadado. Tenía tres entradas, la primera, un cráter en la parte superior, que era la única  por la que Ávorlax podía acceder al exterior en su forma de dragón, otra subterránea, que se adentraba en la montaña a través de un hueco en la tierra y serpenteaba por un laberinto de túneles oscuros, fríos y húmedos durante más de cinco kilómetros hasta llegar al complejo de cavernas donde él vivía. Los túneles estaban repletos de trampas mágicas y además una criatura de tamaño humano tendría que ir arrastrándose la mayor parte del tiempo, por lo que era bastante segura. El último acceso se encontraba en una cueva natural, en lo alto de un risco, no muy profunda y lo suficientemente grande para que pasara por ella un ogro de más de dos metros.</em></p>
<p><em>El dragón sonrió con ironía ante el devenir de los acontecimientos que habían tenido lugar aquel día.</em></p>
<p><em>Hacía dos semanas que un dragón de blancas escamas se había establecido a varias decenas de kilómetros de su hogar. La humildad no había sido nunca el punto fuerte de Ávorlax y como no podía ser de otra manera, pensó que ningún otro dragón sería capaz nunca de enfrentarse a un él en sus propios dominios. Nada más lejos de la realidad, pues la soberbia y la codicia corren por las venas de todos los dragones, y de ese modo Lamorak había atacado a Ávorlax.</em></p>
<p><em>La batalla fue cruenta. Lamorak estaba muerto, pero el Señor de Valheim había pagado un alto precio por no estar en guardia. Tenía múltiples heridas producidas por las garras y los colmillos del dragón blanco, pero lo peor había sido el gélido aliento. Ávorlax no había sentido nunca tanto dolor como cuando le alcanzó el cono de hielo de Lamorak. Su cuerpo estaba congelado, apenas podía volar, no tenía hechizos con los que defenderse y sólo le quedaba un uso de su arma más mortífera, un rayo de electricidad pura capaz de abrir un agujero del tamaño de un hombre en una montaña de granito.</em></p>
<p><em>Y ahora esto.</em></p>
<p><em>Los bárbaros seguían su forzada marcha, levantando polvo, haciendo temblar el suelo con el paso enérgico de sus poderosas piernas, los rostros, curtidos por el frío, levantados al cielo. La canción de Odín brotaba de sus gargantas manteniendo un pulso titánico contra el viento. Desafiándolo a cantar más alto que ellos. Sin detenerse ante nada. Sin detenerse ante nadie. Orgullosos. Soberbios en su primitivo salvajismo.</em></p>
<p><em>Pronto dejarían atrás la llanura helada y se adentrarían en las boscosas montañas. Un sendero sinuoso se dibujaba entre los árboles y las rocas, y tras varios cientos de metros daba a un cañón entre dos riscos, un paso natural entre las gigantescas moles de piedra que moldeaban el paisaje y que era utilizado por los animales en sus migraciones otoñales a tierras más cálidas.</em></p>
<p><em>En uno de aquellos riscos se situaba la cueva que servía como uno los accesos a la guarida del dragón. Justo en la entrada de la gruta había un saliente de roca, plano y estable, de unos dos metros de diámetro, al que se podía acceder desde el sendero, trepando la pared de piedra sin demasiada dificultad y que ofrecía una inmejorable vista de las tierras que se hallaban más al sur.</em></p>
<p><em>Los bárbaros pronto llegarían allí. Tal vez pasaran de largo, dejando el risco y la cueva encima de sus cabezas. Pero Ávorlax no había mantenido la supremacía de aquellas tierras durante más de dos siglos por casualidad, y ya había cometido bastantes errores aquel día. Los bárbaros tenían buenos exploradores, muy buenos. Su vida durante los meses del crudo invierno nórdico dependía en gran medida de rastrear piezas de caza con las que alimentar a sus familias, de modo que sabían hacer su trabajo. No era descabellado pensar que uno de esos exploradores divisara el saliente de roca en la parte superior del risco e intentara subir, descubriendo la entrada de la cueva. La naturaleza curiosa de los humanos les lleva a veces a hacer cosas estúpidas, de modo que muy posiblemente se adentrarían en la caverna.</em></p>
<p><em>Ávorlax necesitaba algo de tiempo para transformarse en una criatura lo bastante pequeña para caber por la entrada de la cueva, tiempo que no tenía. Por otra parte, el cráter  estaba demasiado lejos para llegar a su cubil antes que los humanos. Hiciera lo que hiciese era probable que alguno de aquellos bastardos se llevara un objeto mágico o incluso un buen puñado de gemas o monedas de su amado tesoro.</em></p>
<p><em>¿Cómo podía haberse vuelto tan descuidado? Debería haber sellado aquella entrada hace años.</em></p>
<p><em>Retiró de su mente esos pensamientos. Su única opción era atacar antes de que los bárbaros se adentraran en el bosque.</em></p>
<p><em>Nada contento por el cariz que habían tomado los acontecimientos,  el poderoso dragón de azuladas escamas anuló el hechizo de invisibilidad bajo el que estaba oculto. Con gran esfuerzo remontó el vuelo gracias al batir de sus coriáceas alas, lo que le valió unos dolores agónicos, y descendió desde las montañas como el portador de la muerte que siempre había sido&#8230;</em></p>
<p>*                        *                          *                                *</p>
<p><em>El grupo de caza había partido con las primeras luces del alba. Al frente de los cazadores estaba Golvar Thorguemsson, el mejor explorador de toda la zona y un excelente guerrero. Era un jarl, uno de los jefes de la región, con gran prestigio dentro, no sólo de su clan, sino de los clanes vecinos. Todas las partidas de caza querían tener a Golvar con ellos. El explorador nórdico era un tipo corpulento pero ágil, con un tórax como el de un oso polar. Tenía una barba rubia, muy poblada, que a veces se trenzaba como hacían los enanos y que cuidaba mejor que a una amante. Una cicatriz que iba desde la frente hasta el mentón le cruzaba el lado izquierdo de la cara, fruto del encuentro con un ogro de los glaciares, unas bestias terribles de más de dos metros y medio, con la piel azulada y los ojos blancos y acuosos.</em></p>
<p><em>Golvar guiaba a un grupo de veinte hombres. Bueno, en realidad a diecinueve hombres y una mujer, que curiosamente era su hija, Elanna.</em></p>
<p><em>La joven había nacido con el indómito espíritu de su padre y desde muy temprana edad había aprendido a manejar el arco y la espada.</em></p>
<p><em>Elanna era la única familia que le quedaba al curtido guerrero, pues su esposa había muerto al dar a luz a su otro hijo, el cual también había fallecido a los pocos meses. Valheim era un lugar hermoso pero muy duro. De modo que Golvar tenía especial predilección por su hija.</em></p>
<p><em>Con su cabello largo y rubio, que ahora llevaba trenzado y sus ojos azules como el cielo en un frío día de invierno, Elanna era el fiel reflejo de su madre.</em></p>
<p><em>Fuerte, valerosa, inteligente y apasionada. Desde el momento en que pudo mantenerse en pie, Golvar le había enseñado a rastrear, a conocer los animales y las plantas, a manejar la espada, el escudo y el arco y a sobrevivir en la naturaleza, cuando lo normal hubiese sido que se quedara con las demás mujeres tejiendo o realizando las tareas propias de las féminas. Pero no había sido así y Golvar era tan querido y respetado, no sólo como explorador y guerrero sino como hombre justo y juicioso, que nadie le había reprochado nada, ni siquiera el consejo del clan.</em></p>
<p><em>Entre los diecinueve hombres que formaban la partida de caza se encontraba Balder Dunnarsson, su mejor amigo y pronto pariente, pues el hijo de este, Magnus, y la hija de Golvar iban a casarse la próxima primavera. La boda prometía ser todo un acontecimiento, y ambas familias lo esperaban con ansia e ilusión.</em></p>
<p><em>Marcharon en dirección sur, atravesando la llanura helada. Llevaban ya dos días de viaje desde que salieran de la aldea, y al remontar una pequeña loma pudieron ver el bosque que se abría delante de ellos a unos centenares de metros. Golvar se giró y sonrió a su hija ante la perspectiva de una gran cacería. Elanna le devolvió la sonrisa y su rostro pareció iluminar la gélida mañana como un rayo de sol. El viejo se sintió celoso de Magnus. Pronto el joven vería más a menudo la sonrisa de su hija que él mismo.</em></p>
<p><em>Los árboles se adentraban en las montañas y más allá podía verse un paso entre ellas. Una de las paredes de piedra tenía una especie de saliente a varios metros del suelo. Desde su posición actual no podía verlo pero cuando llegaran allí estudiaría la posibilidad de escalarlo y …</em></p>
<p><em>&#8230; El impacto fue brutal. No fue hasta unos segundos después cuando se dio cuenta de que estaba tirado en el suelo, cubierto de líquenes, barro y nieve. . .</em></p>
<p>*                            *                              *                             *</p>
<p><em>Las garras de Ávorlax partieron al guerrero bárbaro como quien parte una hogaza de pan. Golvar contempló como Balder era despedazado y tirado sobre la nieve igual que un despojo. Entre la bruma mental que sentía pudo distinguir  una mole de color azul iridiscente que lanzaba rugidos ensordecedores. Vio al coloso aterrizar en medio del grupo y de un solo golpe abatir a varios de sus guerreros.</em></p>
<p><em>El gigantesco reptil levantó una enorme cantidad de polvo y guijarros helados al posarse en la fría llanura, lo que cegó completamente a los cazadores. Con un rápido movimiento se llenó la colmilluda boca con los cuerpos de varios humanos más, a los que engulló sin masticar.</em></p>
<p><em>Golvar intentó aclarar sus pensamientos pero estaba demasiado aturdido por el impacto.</em></p>
<p><em>Ávorlax volvió a barrer  con su cola, pero los curtidos guerreros nórdicos reaccionaron formando una férrea defensa. En cuestión de segundos los bárbaros restantes se abrieron en abanico, tratando de organizar un contraataque desde múltiples puntos.</em></p>
<p><em> El Señor Supremo de Valheim rugió ante semejante osadía. “¿Cómo se atrevían aquellos gusanos a plantarle cara? “- pensó.</em></p>
<p><em>Los bárbaros avanzaron como un solo hombre, y en un abrir y cerrar de ojos, las lanzas volaron de sus manos  en dirección al enorme reptil. Tres de ellas hicieron blanco en el cuerpo del dragón, añadiendo más heridas a su ya de por sí castigado cuerpo.</em></p>
<p><em>Magnus, guiaba a sus hombres con una apasionada disciplina. A pesar de su juventud, el guerrero bárbaro se había ganado el respeto y la admiración de todo el clan por sus valerosas hazañas contra los ogros polares, el enemigo ancestral de los nórdicos.</em></p>
<p><em>Ávorlax se fijo como objetivo al joven humano que parecía ser el líder del grupo de supervivientes. Sin él para guiarlos en el ataque, el resto estaba condenado. Magnus impartió algunas órdenes más. Dos bárbaros se habían separado del circulo de atacantes y ataban grandes garfios de escalada a unas gruesas maromas</em></p>
<p><em>El dragón comprendió al instante la estratagema. Estaban intentando inmovilizarle.</em></p>
<p><em>Había diez bárbaros en total, demasiado espaciados entre sí como para abatir a un buen número de ellos de una sola vez.</em></p>
<p><em>&lt;&lt;El joven&gt;&gt; se dijo &lt;&lt;Él es el pilar de su defensa&gt;&gt;</em></p>
<p><em>Ávorlax se jugó el todo por el todo. Inhaló y contuvo la respiración.</em></p>
<p><em>Los garfios de acero volaron por encima de él hasta los guerreros del lado opuesto.</em></p>
<p><em>Girando sobre sí mismo lanzó su musculosa cola en un latigazo fugaz que desmadejó a tres bárbaros. Los cuerpos de los humanos estallaron desde el interior cuando decenas de huesos reventados se deshicieron en astillas.</em></p>
<p><em>El aguante de la respiración se hizo insoportable. El calor contenido en la garganta del dragón hubiera podido fundir el acero.</em></p>
<p><em>&lt;&lt;Solo un poco más&gt;&gt;pensó</em></p>
<p><em>Una lanza se clavó en su ala derecha. Quedó sostenida unos instantes y después resbaló a lo largo de la misma, dejando un feo desgarrón en la venosa membrana. El coloso ahogó un rugido de dolor. Como si del movimiento de un astro se tratase, completó su giro y encaró al joven nórdico.</em></p>
<p><em>Durante un instante los ojos de humano y dragón se encontraron. Ávorlax entrecerró los suyos al aparecer en su rostro una mueca de venganza y triunfo.</em></p>
<p><em>De lo más profundo de su ser El Señor Supremo de Valheim expulsó su mortífero rayo de energía pura.</em></p>
<p><em>Magnus fue consciente de las intenciones del dragón solo una décima de segundo antes de que el rayo lo alcanzase. Sonrió al sentir el impacto sobre su pecho y el olor a ozono en el ambiente.</em></p>
<p><em>El joven guerrero nórdico cayó al suelo con el torso destrozado. La vida se le escapaba de las manos, su alma volaba en dirección al Bifröst, el Puente del Arco Iris, donde Heimdall, guardián de las puertas del Valhalla, le daría la bienvenida como a un héroe.</em></p>
<p><em>Los guerreros bárbaros quedaron petrificados. Soltaron sus armas y se postraron ante el coloso. Sus almas estaban rotas. Su legendaria valentía hecha añicos. Nada en este mundo podía hacer frente a una furia como aquella. Nada.</em></p>
<p><em>En ese preciso instante, Golvar se incorporó.  Miró a su hija que ahora estaba arrodillada junto al cadáver de su prometido. Después miró a la bestia, al coloso que había destrozado su vida y sus sueños.</em></p>
<p><em>También él miraba a su joven hija. Golvar no podría decirlo con seguridad, pero le pareció que la grotesca mueca del dragón tenía un toque de perversa lascivia. El anciano explorador supo entonces cual sería su destino y el de su amada hija. Renqueante,, y aturdido aún por el impacto inicial del dragón, levantó su pesada hacha de guerra del suelo, manchado con la sangre de sus hermanos. Mientras se precipitaba hacia la muerte elevó una plegaria a Odín y a Thor. Les dijo que le esperaran pues pronto los vería en El Salón de los Muertos.</em></p>
<p><em>Ávorlax presintió el ataque con tiempo suficiente para reaccionar. Pivotó noventa grados y se dispuso a resistir la carga del anciano.</em></p>
<p><em>Cuando Golvar iba a descargar el filo de su hacha bipenne sobre el cuerpo del reptil, Ávorlax adelantó su cola, que terminaba en un aguijón tan largo como una espada,  en un fulminante movimiento. El contraataque cogió por sorpresa a Golvar, que trastabilló y erró el golpe.</em></p>
<p><em>Un hilo de sangre emergió de las comisuras de los labios del viejo guerrero cuando el aguijón de Ávorlax le atravesó el pecho. Una explosión de sangre manchó el hocico del dragón, para después caer en pesados goterones sobre el frío suelo de la tundra ártica cuando el coloso extrajo su mortífero apéndice del anciano guerrero.</em></p>
<p><em>- ¿Qué esperabas hacerme con ese juguete, basura?- rugió el dragón-comparado con vosotros soy como un Dios-.</em></p>
<p><em>Con un rápido movimiento, Ávorlax lanzó el cuerpo  de Golvar contra el árbol más cercano; con tanta fuerza que el grueso tronco se partió por la mitad. Su último pensamiento fue para su hija.</em></p>
<p><em>Elanna siempre había sido muy hermosa, la más hermosa de todo el poblado. Con gran esfuerzo miró en su dirección.</em></p>
<p><em>Pero ya no vio dragón al que odiar, tan solo un hermoso guerrero de armadura y ojos de un resplandeciente azul. La transformación de la criatura en un ser humano era completa.</em></p>
<p><em>Ávorlax se acercó a Elanna. La joven se incorporó de un salto a verlo venir. Tenía un cuchillo de caza en las manos e intentó clavárselo al dragón con forma de hombre. Fue inútil. Ávorlax esquivó el ataque y aprovechando el giro del cuerpo propinó un brutal revés a la joven bárbara que la hizo salir despedida más de dos metros hacia atrás. En cuestión de segundos el bonito ojo azul de la muchacha se hinchó y amorató.</em></p>
<p><em>El dragón se plantó de dos zancadas al lado de la aterrorizada chica. La levantó por el cuello sin esfuerzo aparente y cuando la tuvo a su altura, descargó un potente puñetazo en el estómago que la hizo retorcerse de dolor.</em></p>
<p><em>-Eres…una verdadera preciosidad…-le dijo el coloso en un  fantasmal susurro.</em></p>
<p><em>Ávorlax soltó a Elanna, que cayó al suelo como un fardo de trigo.</em></p>
<p><em>-Sería una pena desperdiciar semejante manjar…-.</em></p>
<p><em>La voz del dragón era cavernosa y gutural, y Elanna pensó que podría derribar una muralla de un solo rugido.</em></p>
<p><em>Armándose de valor, la joven humana escupió al dragón en la cara. Sabía que iba a morir, pero al menos lo haría con orgullo.</em></p>
<p><em>Ávorlax se limpió el salivazo con el dorso de su enguantada mano. Miró a Elanna a los ojos y sonrió lleno de maldad, dejando a la vista unos dientes blancos como perlas y unos aguzados y prominentes colmillos.</em></p>
<p><em>De un rápido movimiento el dragón arrancó el jubón de cuero de la joven, que ahora no eran sino unas ajadas vestiduras, exponiendo al frío otoño de la tundra el esbelto y perfecto cuerpo de la muchacha.</em></p>
<p><em>El Señor Supremo de Valheim tomó a Elanna Golvarsdottir, ante la avergonzada  mirada de los supervivientes, poco más que cascarones vacíos, sin voluntad ya para oponerse al Señor de los Cielos, con una pasión digna de los amantes protagonistas de las viejas historias de bardos y escaldos.</em></p>
<p><em>Elanna no vio al dragón remontar el vuelo. Después de aquello, su mente creó una coraza de locura que la protegió del dolor y que la acompañaría ya el resto de sus días, pues, por sorprendente que parezca, Ávorlax la dejó con vida.</em></p>
<p><em>Y ella vagó por todo el norte, por las aldeas y por los pueblos. Y donde antes la habían respetado ahora sólo encontró humillación y desprecio,  y padeció miseria y dolor, pues se corrió la voz de lo acontecido aquel fatídico día y la gente pensó que aquello había sido un castigo de Odín por permitir a una mujer hacer el trabajo de un hombre.</em></p>
<p><em>Pero Elanna sobrevivió, sobrevivió comiendo alimañas cuando la torturó el hambre y bebiendo agua de los fríos glaciares cuando la acució la sed.</em></p>
<p><em>Y dio a luz a un hijo, pues sangre dracónica y humana se habían mezclado aquel día… el último de la vida de Golvar. El último de la vida de Balder, Magnus y el resto de aquel grupo de cazadores. Pero el primero en la nueva estirpe de un dragón.</em></p>
<p><em>Y doscientos años después de aquello, durante un instante que duró menos de un segundo, Ávorlax recordó y  se preguntó por que dejó viva a la joven bárbara.</em></p>
<p><em>Nunca volvió a ocurrírsele la pregunta. Nunca tuvo respuesta “&gt;&gt;&#8230;</em></p>
<p>Por Ricardo Garrido</p>
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		<title>Sangre de Dragón I</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 11:30:45 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Este es una de las primeras historias a las que Ricardo dió vida hace ya mucho tiempo. Ahora, revisada y mejorada, por fin va a ver la luz y a exponerse a la crítica. A mi, personalmente, me despierta la curiosidad de qué relato nos traerá el viajero, y no tengo duda de que no serán pocas las aventuras y diversión que aportará. Disfrutadla, yo ya lo he hecho.</p>
<p><em>PRÓLOGO</em></p>
<p><em>El guardia sacudió la cabeza con gesto de desaprobación cuando el solitario viajero entró en la ciudad, y se dio prisa en volver al relativo refugio que le proporcionaba la garita de piedra.</em><br />
<em>Era aquel un año con un invierno como pocos recordaban. Las calles eran un lodazal pestilente, apenas iluminadas por los candiles de aceite que colgaban, como delincuentes ahorcados, de los postes de madera repartidos por la avenida principal.</em></p>
<p><em>Las casas, rebosantes de vida por las mañanas, gracias a los quehaceres de las mujeres y los juegos de los niños, estaban ahora sumidas en un silencio sepulcral, y apenas podía verse alguna luz por las rendijas de las ventanas.</em><br />
<em>Llovía a mares, como si todos los dioses se hubieran confabulado para borrar del mapa la modesta población de pescadores.</em></p>
<p><em>Un viento glacial procedente de las nevadas montañas, convertía la cortina de agua en una cellisca imparable que no solo helaba el cuerpo sino también el alma, sumiendo a cualquier persona normal en un estado de abatimiento imposible de superar.</em></p>
<p><em>Pero no a aquel viajero.</em></p>
<p><em><span id="more-21"></span></em><em>Enfundado en una capa negra que no dejaba a la vista nada de su físico, caminaba con resolución, sin importarle lo más mínimo el aguacero que se le venía encima.</em></p>
<p><em>Si alguien le hubiera observado con atención, se habría dado cuenta de que no le costaba caminar por el barro, de que la gélida lluvia no entorpecía sus movimientos, ágiles y silenciosos como los de una pantera a punto de abatir a su presa.</em></p>
<p><em>De hecho el extraño ni siquiera se hundía en el lodo del camino.</em><br />
<em>Ni dejaba huella alguna que pudiera delatar su presencia.</em></p>
<p><em>Anduvo por varias callejuelas, todas igual de sombrías, todas igual de desiertas, hasta llegar a un edificio concreto, a las puertas del cual se detuvo.</em><br />
<em>La construcción era una estructura de madera y piedra, de tres pisos, sólida y bien formada, con un tejado construido a dos aguas en tejas de color rojizo.</em><br />
<em>La luz de las lámparas de grasa de foca salía por las ventanas, y a través de la recia puerta de madera reforzada con hierro, podían oírse los gritos de los parroquianos que estaban en su interior.</em></p>
<p><em>Observó con detenimiento el cartel que colgaba de una estrecha varilla de acero: E</em><em>l Zarpazo del Oso.</em></p>
<p><em>El nombre de la posada era muy explícito, pensó el viajero, pues representaba una garra de oso polar, muy frecuente por aquellas tierras cubiertas por el hielo, despedazando a un pobre goblin.</em></p>
<p><em>El extraño forastero entró en el edificio. Sin mediar palabra fue en dirección a la chimenea de grandes dimensiones que había en un extremo de la sala principal.</em></p>
<p><em>Se arrodilló junto al fuego y se frotó las manos doloridas por el terrible frío. Al calor de la lumbre siempre desaparecían todos los fantasmas del pasado.</em><br />
<em>Aquella era una población pequeña y el encapuchado despertó enseguida la desconfianza de los humildes habitantes del lugar.</em></p>
<p><em>Sam Stirlin, el posadero, antaño un guerrero de cierta fama en las regiones más orientales del Norte, miró con gesto ausente y despreocupado al forastero, mientras secaba las últimas jarras de cerveza que había servido aquella noche con un paño de hilo.</em></p>
<p><em>Sus brazos aún eran musculosos, y su torso amplio, aunque no tanto como cuando era joven. Su pelo había empezado a ralear y un enorme mostacho castaño, típico de las lejanas tierras centrales de Semperia, ocultaba un labio leporino.</em></p>
<p><em>No así el resto de los comensales que quedaban a aquellas altas horas de la noche.</em></p>
<p><em>El matrimonio Selton, Luke y Alina, regentaban un almacén de comestibles y equipo variado, el único que existía en decenas de kilómetros a la redonda, donde podían adquirirse además todo tipo de útiles de labranza y aparejos de pesca.</em></p>
<p><em>Él, alto, rechoncho, grosero y maleducado, ella, baja, obesa, con la cara permanentemente marcada por una dermatitis que convertía su piel en una alfombra de escamas rosadas, que se acrecentaba cuando estaba nerviosa. De carácter hosco y avinagrado, cobraban unos precios desorbitados por los productos que vendían.</em></p>
<p><em>Alina golpeó por lo bajo a su marido con la intención de que éste dijera algo, pero Luke se limitó a gruñir ante la pulla y apuró la jarra de cerveza de un solo trago, dejando que algunas gotas se derramaran por su poblada y negra barba, y a mirar de reojo los estropajosos cabellos pajizos de su esposa.</em><br />
<em>-Tráeme otra jarra, Sam-dijo el hombre arrastrando la voz debido a la notable ingesta de cerveza.</em></p>
<p><em>El posadero sirvió otro pichel a Luke. Volvió a la barra, a sus jarras húmedas y a su paño de hilo blanco. El eco que levantaba el ruido de los tacones de sus botas de cuero contrastaba con el crepitar de la madera al arder en la chimenea. Viendo que el forastero no se movía, se dirigió a él.</em></p>
<p><em>-¿Deseas algo, amigo?-le preguntó.</em><br />
<em>-¿O sólo has venido aquí a calentarte?-dijo Alina viendo que su marido no hacía lo que ella le había dicho.</em><br />
<em>El forastero no habló.</em><br />
<em>-Amigo&#8230;-llamó Sam de nuevo.</em><br />
<em>Esta vez, el extraño encapuchado levantó la cabeza de las brasas y la giró levemente hacía la izquierda, dando a entender con ello que estaba escuchando lo que Sam le decía.</em><br />
<em>-¿&#8230;deseas alguna cosa?-volvió a preguntar.</em><br />
<em>El hombre se levantó entonces y girándose, miró a todos los presentes desde debajo de las sombras de su capa de viaje.</em><br />
<em>&lt;Tiene la agilidad de una pantera&gt;, pensó Lomar Wilson, el capitán de la guardia, otro de los parroquianos allí reunidos.</em></p>
<p><em>Era un hombre entrado ya en años, pero su físico lo desmentía, pues a tenor de su pelo canoso y de las arrugas alrededor de sus ojos verdes, tenía un buen porte, con el cuerpo fuerte y musculoso.</em></p>
<p><em>Vestía una buena cota de malla, reforzada en brazos y piernas con grebas y brazales de acero, y en su hombro derecho lucía un brazalete de color blanco con el rango de capitán, dos semicírculos azules, uno encima de otro.</em><br />
<em>Cubría la espléndida armadura con una sobrevesta roja y negra sobre la que estaba bordado el escudo de armas del conde Órgal, señor de aquellas tierras, dos espadas doradas cruzadas sobre campo azur y unidas por una serpiente esmeralda.</em></p>
<p><em>A la cintura se ceñía una espada larga de excelente factura con la empuñadura forrada de buen cuero negro trenzado y decorado el pomo con la cabeza de un águila y un puñal largo como complemento.</em></p>
<p><em>Aparte de Sam, de los Selton, y del capitán Wilson estaban allí Greta y Alice, las dos camareras de la posada y Lorens Gilligan, el borrachín del pueblo.</em></p>
<p><em>-Me preguntaba si podría dormir en vuestro pajar-contestó el viajero tras un corto silencio-pues no tengo dinero para pagar una habitación y no es noche ésta en la que se pueda descansar al raso.</em><br />
<em>-¡Ja!, pero que cara más dura-dijo Lorens mientras se limpiaba los labios con la manga de su mugrienta y descolorida camisa marrón-¿entras aquí como si fueras el dueño, te calientas sin pedir permiso y encima quieres una cama sin&#8230;-.</em><br />
<em>-¡Cierra la boca Lorens!- tronó el capitán- Corren tiempos extraños en Hybernia. Y tú no eres el más indicado para hablar. No será la primera vez que alguno de los aquí presentes te pagamos una jarra de vino aguado donde ahogar tus penas-.</em><br />
<em>-Podría contaros una historia como pago- dijo el forastero.</em><br />
<em>-¡No necesitamos más charlatanes mendigando por aquí!- respondió Alina- ya hay bastantes indeseables en el pueblo-.</em><br />
<em>Miró a Lomar con excesiva altivez y añadió</em><br />
<em>-Y a mi no me hace falta que nadie me pague una jarra de vino-.</em><br />
<em>-Eso mismo digo yo, esta es una posada decente- la apoyó Lorens.</em><br />
<em>-Es una historia muy buena&#8230;- dijo el viajero.</em></p>
<p><em>En su voz había una nota de melancolía, pero a la vez de orgullo. Lomar no sabía porque pero presentía que aquel era un hombre extraordinario.</em><br />
<em>Le examinó de nuevo.</em></p>
<p><em>Sólo aquellos incultos no se daban cuenta del porte del forastero.</em><br />
<em>Tenía grandeza, pero a la vez estaba en paz, consigo mismo y con lo que le rodeaba. Poseía un aura de calma imperturbable, y Lomar supo que estaba más allá de los burdos insultos de aquella panda de ineptos.</em><br />
<em>Sí. Era un hombre extraordinario.</em></p>
<p><em>-Muy bien- dijo el capitán sacando un saquillo de cuero de debajo del uniforme- yo si quiero escuchar esa historia. Si es tan buena como dices, forastero, te pagaré una habitación decente y un buen plato de jabalí asado-. Acto seguido puso unas relucientes monedas de plata sobre el mostrador de madera- ¿qué me dices Sam?, ¿le pagamos a este buen hombre una cena caliente?-.</em><br />
<em>-Ummm&#8230; De acuerdo, Lomar-dijo el posadero- pero espero que sea buena para que merezca la pena tener abierta la taberna a estas horas-.</em><br />
<em>El viajero sonrió al capitán desde debajo de su capucha.</em><br />
<em>-Adelante amigo, veamos como comienza ese relato&#8230;- le animó Lomar.</em><br />
<em>A pesar del hosco recibimiento que le habían dado, todos los presentes, incluidas las dos camareras dejaron lo que estaban haciendo, arrimaron sus sillas al fuego y con sus jarras en la mano se dispusieron a escuchar al forastero&#8230;</em><br />
<em>-Bien, ¿por donde podría empezar?&#8230;-dijo sentándose en una silla de madera y reclinándose hacia atrás, junto al fuego-, ¡ah, sí!, ya lo se&#8230;-</em></p>
<p><em>&#8230;El fuego de la chimenea se reflejaba en el rostro del viajero, dándole el aspecto de un narrador místico, venido del otro mundo para iluminar a los hombres.</em></p>
<p><em>Se encendió una vieja pipa de hueso y entre el denso y aromático humo que ascendía de las ascuas, comenzó, con voz profunda, cargada de poder y sabiduría&#8230;</em></p>
<p>Por Ricardo Garrido<br />
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		<title>Un comienzo</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 20:17:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Uhtredson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Como presentación del blog, aquí teneis el fragmento de un relato corto de ambientación medieval. Estas lineas forman parte del reglamento de un juego de rol histórico que estamos diseñando, ambientado en la Europa medieval. Esperamos que os guste. Tres días le había costado al depredador que se dieran las circunstancias perfectas. Tres días en los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=1&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como presentación del blog, aquí teneis el fragmento de un relato corto de ambientación medieval. Estas lineas forman parte del reglamento de un juego de rol histórico que estamos diseñando, ambientado en la Europa medieval. Esperamos que os guste.</p>
<p><span id="more-1"></span></p>
<p><em>Tres días le había costado al depredador que se dieran las circunstancias perfectas. Tres días en los cuales la gélida lluvia no había dejado de calarle los huesos, sin comer, sin apenas beber y rodeado de mierdas de rata y de cosas peores que se arrastraban por entre los pliegues de sus ropajes oscuros.</em></p>
<p><em>Observó con sus ojos felinos la rutina que se repetía todas las noches: Nicole, la camarera del Gato Negro, salía a vaciar el cubo de vómitos de los clientes. Se inclinaba sobre la abertura cilíndrica del desagüe y vertía su contenido enseñando la mitad de los senos a cualquiera que fuera un poco observador. A  varios metros de distancia, Neka, una sirvienta de las tierras más orientales de Europa, salía furtivamente de casa de Tom el alfarero después de hacerle una serie de favores en las mismas narices de su mujer.</em></p>
<p><em>Diez segundos después, el  cordero salía por la puerta del prostíbulo, donde aún podían escucharse los gemidos fingidos de las rameras, despojos de una sociedad decrépita, foco de múltiples enfermedades.</em></p>
<p><em>Por fin había llegado el momento .El depredador aguardaba, oculto, paciente, saboreando el momento, vislumbrando los últimos pasos vacilantes de su presa.</em></p>
<p><em>El corderito avanzó hasta las sombras donde le aguarda el cazador.</em></p>
<p><em>Un susurro. Un gemido lastimero. Un movimiento fugaz y el simple reflejo de la luna sobre el acero.</em></p>
<p><em>Los ojos del cordero se abrieron al darse cuenta de la verdad, pero no tuvo tiempo de encomendarse a Dios.</em></p>
<p><em>-Sssshhhhhh- le dijo el cazador y con la delicadeza de una madre que mece a su joven vástago depositó la cabeza de su víctima sobre el frio suelo.</em></p>
<p><em>Luego las sombras lo engulleron.</em></p>
<p><em>Al día siguiente encontraron el cadáver. Un muerto más. Como tantos otros.</em></p>
<p>Por Ricardo Garrido</p>
<br />Filed under: <a href='http://relatosdesdevalheim.wordpress.com/category/medieval/'>Medieval</a>, <a href='http://relatosdesdevalheim.wordpress.com/category/rol-2/'>Rol</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/relatosdesdevalheim.wordpress.com/1/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=relatosdesdevalheim.wordpress.com&amp;blog=31621913&amp;post=1&amp;subd=relatosdesdevalheim&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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